Narges Mohammadi, Premio Nobel de la Paz, Liberada del Hospital: Un Clamor por su Recuperación en Irán
Una Liberación Hospitalaria Marcada por la Urgencia
La reconocida activista iraní y laureada con el Premio Nobel de la Paz 2023, Narges Mohammadi, ha sido finalmente dada de alta de un hospital en Teherán. Su salida se produce tras más de dos semanas de atención médica intensiva, según confirmaron sus fervientes seguidores este lunes. La noticia trae un respiro, pero también una demanda clara y urgente: que Mohammadi, de 54 años, permanezca en su hogar para recibir los cuidados de seguimiento esenciales y las sesiones diarias de fisioterapia que su delicado estado de salud exige.
Crónica de un Deterioro en Prisión y una Salud Comprometida
El traslado de Mohammadi al hospital no fue un incidente aislado, sino el punto álgido de un preocupante deterioro. El 1 de mayo, fue llevada de urgencia desde la prisión a un centro hospitalario en el noroeste de Irán, tras sufrir un desmayo. Casi diez días después, se le concedió la libertad bajo fianza, lo que permitió su traslado a un hospital en Teherán, donde un equipo de especialistas pudo evaluar su condición. Este episodio subraya la fragilidad de su salud tras años de activismo incansable.
La historia de Narges Mohammadi está intrínsecamente ligada a su lucha por los derechos humanos y la libertad en Irán. Fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2023 mientras se encontraba tras las rejas, un testimonio global de su valiente resistencia. A lo largo de su carrera, ha sido encarcelada repetidamente. Su más reciente detención se inició en diciembre, cuando fue arrestada en la ciudad nororiental de Mashhad, reingresando a un sistema penitenciario que ha comprometido gravemente su bienestar.
La familia de Mohammadi ha denunciado públicamente el progresivo deterioro de su salud en prisión. Detallan que sufrió una brutal paliza durante su arresto, lo que exacerbó sus padecimientos. Además, revelaron que en marzo sufrió un ataque al corazón y que padece de un coágulo de sangre en el pulmón desde antes de su encarcelamiento, una condición que requiere medicación anticoagulante y un monitoreo constante, algo que las condiciones carcelarias difícilmente pueden garantizar. La insistencia en su permanencia en casa no es solo un deseo, sino una necesidad vital para asegurar su plena recuperación y bienestar.
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