El Philippe Chatrier fue testigo de un nuevo e inesperado drama para Jannik Sinner. Hace un año, el talentoso italiano desperdició tres puntos de partido consecutivos contra Carlos Alcaraz en una memorable final. Hoy, en un escenario donde no se encontraba su gran rival y con los pronósticos a su favor para conquistar el Roland Garros, el único Grand Slam que falta en su vitrina, Sinner sucumbió al implacable calor de París antes que a la raqueta de Juan Manuel Cerúndolo, cuando la victoria parecía a un paso. Lo que se perfilaba como una jornada rutinaria, similar a las que habían marcado su dominio inquebrantable en el circuito durante los últimos dos meses y medio (30 victorias y cinco títulos consecutivos), se transformó en una pesadilla.
Con un cómodo 6-3, 6-2 y 5-1 a su favor, Jannik experimentó un colapso físico, de esos que han afectado su carrera en varias ocasiones: piernas sin respuesta, náuseas que provocaban vómitos y un calor insoportable que lo agobiaba. A pesar de intentar reanudar el juego, no logró recuperar la energía necesaria, y el argentino Cerúndolo, número 56 del ranking ATP y hermano del más conocido Francisco, protagonizó una hazaña monumental al imponerse en el quinto set con un marcador final de 3-6, 2-6, 7-5, 6-1, 6-1, en 3 horas y 36 minutos. De esta manera, el número 1 del mundo se despide de forma sorpresiva en la segunda ronda de París, posponiendo su anhelada misión de completar el prestigioso «Career Grand Slam».
El Curso Inesperado del Partido: Calor y Colapso
Paradójicamente, en redes sociales se había generado controversia por la programación del encuentro a las 12 del mediodía, en lugar de por la tarde, sugiriendo que las condiciones climáticas serían más favorables. Darren Cahill, entrenador de Jannik Sinner junto a Simone Vagnozzi, había aclarado en la víspera: “Creo que, si estuviéramos tratando de evitar el sol, pediríamos el partido de noche o el primero en el Lenglen. No, lo sabíamos después de nuestro primer partido. Para nosotros, no tenía importancia y no es un problema”. Al entrar en la cancha, Sinner solo tenía un objetivo: jugar bien, concentrarse en sí mismo y aniquilar a su adversario desde el primer golpe. Dicho y hecho. Sólido con su servicio, con una excelente sensación en los golpes de fondo de cancha y sumamente hábil para variar entre subidas a la red y dejadas maestras, el italiano dominó a placer: 6-3, 6-2, asegurando los dos primeros sets con autoridad.
En el tercer set, Jannik voló con una ventaja de 5-1. Fue entonces cuando Cerúndolo logró acortar la distancia a 5-4, momento en que se produjo el punto de inflexión decisivo. El tenista del Alto Adige sacaba, pero comenzó a acusar lo que parecía ser un severo golpe de calor, acompañado de calambres. Se encontró 0-40, se detuvo, consultó con el árbitro y solicitó la intervención del fisioterapeuta. “Necesito vomitar”, le comunicó. Ambos salieron de la cancha. Sin embargo, el tratamiento no pudo completarse, aparentemente porque el médico reconoció que se trataba de calambres. Sinner regresó, pero ya no era el mismo jugador. El argentino aprovechó esta oportunidad para iniciar una remontada épica que, juego tras juego, se tornó cada vez más ineludible.
DnG
