Hay momentos en los que el ministerio sacerdotal se vuelve profundamente silencioso. No hacen falta grandes discursos ni respuestas fáciles. Basta con estar: escuchar, llorar con quien llora, tender la mano y rezar. Esta esencia de servicio y acompañamiento se manifestó con fuerza en la reciente tragedia de los incendios que asolaron Bédar y Los Gallardos, dejando un dolor inmenso y víctimas mortales.
Mientras los equipos de emergencia luchaban incansablemente contra las llamas y cientos de vecinos eran desalojados, la presencia discreta de la Iglesia fue un faro de esperanza. Los sacerdotes permanecieron junto a su gente, realizando un acompañamiento pastoral esencial: contactando a sus feligreses, arropando a las familias, coordinándose con Cáritas y ofreciendo consuelo donde solo parecían quedar cenizas.
En este artículo, profundizamos en la experiencia de dos pastores clave durante esta crisis: Víctor Manuel Fernández, párroco de Los Gallardos y Bédar, y José María Parra, párroco de Garrucha, municipio que acogió a numerosos evacuados. Comparten cómo vivieron estos días desde la fe, el servicio y esa mirada de pastor que nunca abandona a su rebaño.
Víctor Manuel Fernández: El Párroco de Los Gallardos y Bédar Ante el Incendio
«Lo primero que hice fue intentar saber dónde estaban mis feligreses»
En medio del caos provocado por los incendios forestales, el Padre Víctor Manuel Fernández, párroco de las comunidades de Los Gallardos y Bédar, relata la dureza de los primeros momentos y la rápida propagación del fuego, una tragedia inimaginable. Su prioridad, asegura, fue contactar a sus feligreses y salvaguardar los bienes más sagrados de la parroquia, como los libros sacramentales y el Santísimo. Afortunadamente, el casco urbano de Bédar se salvó, pero muchas zonas rurales sufrieron pérdidas devastadoras.
El Momento Más Difícil: La Confirmación de las Víctimas Mortales
Con voz quebrada, Víctor Manuel describe el golpe más duro: la confirmación de los fallecimientos. La incredulidad inicial dio paso a una dolorosa realidad que rompió el corazón de la comunidad. Las horas de angustia se multiplicaron al no tener noticias de personas mayores que vivían solas, lo que incrementó la preocupación del párroco y sus equipos.
El Significado de Ser Párroco en un Desastre Natural
Para el Padre Fernández, ser párroco en una situación así significa una entrega total. «Ponerse al servicio para todo», afirma, abarcando desde el apoyo espiritual hasta la asistencia práctica, como preparar alimentos o ayudar en las evacuaciones. La coordinación con ayuntamientos, Cruz Roja, bomberos y sacerdotes vecinos fue fundamental para asegurar que «nadie se sintiera solo», un testimonio claro del servicio de la Iglesia en emergencias.
Una Responsabilidad Inesperada: La Exposición Pública
A pesar de su timidez, el párroco asumió la responsabilidad de ser la voz de su pueblo en los medios, buscando transmitir esperanza y dar visibilidad a la magnitud de la tragedia. Reconoce que el cansancio y la emoción afloraban, recordándonos la humanidad inherente a quienes lideran en momentos de crisis.
¿Dónde Estaba Dios en Medio del Dolor por los Incendios?
Frente a la pregunta universal del sufrimiento, Víctor Manuel responde con una profunda reflexión sobre la fe: «Dios estaba en la cruz, sufriendo con quienes sufrían». Pero también, enfatiza, «estaba actuando» en cada gesto de ayuda: en las manos de bomberos, militares, sanitarios, pilotos y policías, y en la solidaridad de las personas anónimas que lo dejaron todo para ayudar.
La Imagen de la Solidaridad y el Reto de la Reconstrucción
El párroco de Bédar y Los Gallardos se queda con la admirable solidaridad de su gente: restaurantes cerrando para cocinar para evacuados, pequeños comercios preparando bocadillos y vecinos abriendo sus casas. Ahora, el desafío es la reconstrucción post-incendio, el acompañamiento del duelo y mantener la esperanza, con la convicción de que «Bédar volverá a ser ese pueblo precioso que siempre ha sido, aunque nunca olvidaremos a quienes hemos perdido».

José María Parra: Garrucha, Faro de Acogida y Solidaridad Cristiana
«La Iglesia ha sido uno más entre un pueblo que se volcó con los evacuados»
Garrucha se convirtió en un refugio para muchos desalojados por los incendios. José María Parra, su párroco, destaca la inmediata respuesta de Cáritas y la parroquia, que se pusieron a disposición para cualquier necesidad. «La Iglesia ha sido uno más», afirma, enfatizando la extraordinaria solidaridad del pueblo de Garrucha.
La Capacidad de Entrega: Solidaridad Ejemplar en Garrucha
El Padre Parra se mostró profundamente impresionado por la capacidad de entrega de la población. Numerosas familias abrieron sus hogares, junto con hoteles y comercios, demostrando un «amor y una solidaridad admirables». Una respuesta «ejemplar» que subraya el espíritu comunitario en momentos de crisis.
Un Mensaje de Fe en Tiempos de Catástrofe
Ante una catástrofe que «deja sin palabras», el párroco de Garrucha recalca la importancia de la oración por las víctimas, el apoyo a sus familias y la continuidad de la ayuda a los más necesitados. La parroquia y Cáritas reafirman su compromiso de acompañar a la comunidad durante todo el tiempo que sea necesario, mostrando el papel de la Iglesia en la recuperación.
En medio del humo, del miedo y del desconcierto que dejaron los incendios de Bédar y Los Gallardos, estos testimonios nos recuerdan una imagen evangélica atemporal: la del pastor que no abandona a su rebaño en las horas más difíciles. La presencia de los sacerdotes, llamando a sus feligreses, abriendo las puertas de las parroquias, coordinando la ayuda de Cáritas y rezando con quienes perdieron casi todo, fue un pilar fundamental.
Porque cuando la tragedia golpea, la Iglesia quizás no siempre tenga todas las respuestas, pero su compromiso es estar presente. Y, muchas veces, esa presencia silenciosa y el acompañamiento pastoral son la forma más poderosa de esperanza, un auténtico bálsamo en la adversidad.
DnG
