La Fragilidad del Régimen Cambiario Flexible en Bolivia: Alerta de Germán Molina
El economista e investigador del Instituto de Investigaciones Socioeconómicas (IISEC) de la Universidad Católica Boliviana (UCB), Germán Molina, ha encendido las alarmas sobre la sostenibilidad del régimen cambiario flexible implementado por el Gobierno. Molina, miembro de número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas, advierte que este sistema carece de fundamentos esenciales: un fondo de estabilización robusto respaldado por divisas, una férrea disciplina fiscal y un control efectivo de la emisión monetaria por parte del Banco Central de Bolivia (BCB).
La Ausencia de un Fondo de Estabilización y Reservas Internacionales
Un régimen de este tipo, para ser viable, exige un colchón significativo de reservas internacionales que respalde la oferta de dólares. Molina recuerda que, al inicio de su gestión, el Gobierno prometió obtener 8.500 millones de dólares para blindar la economía, un objetivo que, según sus declaraciones, nunca se materializó, dejando al sistema expuesto sin el soporte de divisas necesario. «Un régimen flexible necesita un fondo de estabilización», sostiene el economista, enfatizando que el nuevo sistema se puso en marcha sin el respaldo suficiente.
Déficit Fiscal Incontrolado y Opacidad en la Información
A este escenario se suma una preocupante falta de disciplina fiscal. Molina puntualiza que el Presupuesto General del Estado (PGE) reformulado para 2026 proyecta un alarmante déficit fiscal del 11%, una cifra que, según el economista, ni siquiera considera los recientes compromisos económicos asumidos por el Ejecutivo en negociaciones con maestros, policías, cooperativistas mineros y transportistas. Asimismo, Molina desmiente categóricamente las afirmaciones oficiales sobre un presunto superávit fiscal en los primeros cinco meses del año, señalando que la información pública del Ministerio de Economía no respalda tal versión, lo que «no hay confiabilidad».
Además, el Gobierno se comprometió a inyectar 2.300 millones de dólares al sistema financiero para generar confianza, promesa que tampoco se ha cumplido. Esta audaz implementación del régimen flexible sin el respaldo de divisas se agrava con los inminentes pagos que el Banco Central deberá afrontar entre septiembre y octubre, cercanos a los 900 millones de dólares, derivados de operaciones de venta futura de oro realizadas durante la anterior administración.
Impacto en la Confianza y el Riesgo del Mercado Paralelo
La suma de estos factores ha erosionado la credibilidad de la población en las autoridades económicas. «Esas situaciones han conducido a que la población esté perdiendo credibilidad en las autoridades económicas y eso es peligroso, porque se dice una cosa y no se cumple, como ocurre con la gasolina, donde seguimos teniendo problemas de abastecimiento», enfatiza Molina. En este contexto de incertidumbre, el régimen cambiario flexible actual está incentivando una mayor demanda de dólares en el mercado paralelo. Esta dinámica lleva a que quienes tienen la posibilidad busquen refugio en la moneda estadounidense, alimentando un ciclo de especulación y elevando la cotización informal del dólar.
Redescubriendo el DS 21060: Una Solución Probada para la Estabilidad
Como alternativa a la actual coyuntura, Germán Molina propone revisar la histórica experiencia del Decreto Supremo 21060, promulgado el 29 de agosto de 1985. Específicamente, sugiere analizar su artículo quinto, el cual establecía mecanismos robustos para asegurar el ingreso de divisas al país y fortalecer un fondo de estabilización crucial.
Claves del Éxito del DS 21060: Divisas, Gasto Público y Emisión Monetaria
Molina recuerda que ese modelo permitió superar una severa escasez de dólares mediante la entrega obligatoria de divisas por parte de los exportadores, combinada con un control férreo del gasto público y una emisión monetaria prudente. Destaca la recuperación de la confianza ciudadana que generó el DS 21060, resultando en «una inundación de dólares» al día siguiente de su implementación.
El éxito de este esquema no residía únicamente en el funcionamiento del Bolsín del Banco Central, sino en una rigurosa disciplina fiscal y monetaria. El Tesoro General de la Nación no autorizaba ningún gasto sin el respaldo de ingresos, y el Banco Central no emitía moneda sin un previo ingreso de divisas. «Controlábamos que no se emitiera un solo boliviano si antes no ingresaba un dólar. Ese era un control estricto», detalla Molina.
El economista señala que un mecanismo similar se observa actualmente en Argentina bajo la administración del presidente Javier Milei, donde los exportadores mantienen la obligación de liquidar parte de sus divisas para robustecer las reservas internacionales y apuntalar la estabilidad cambiaria.
DnG
