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¿Y si el legendario Robin Hood fuera, en realidad, un cruel asesino?

Equipo ClickDirecto

La Muerte de Robin Hood: El Desafío al Mito Fundacional

Huele a descomposición, a sangre y a barro la última película de Michael Sarnoski, La muerte de Robin Hood, porque en los primeros treinta minutos del film sólo aparecen en pantalla cráneos hechos pulpa, miembros cercenados y la tierra lodosa y agreste de Reino Unido. Tan gráfico es y tan concentrado en la materia -la carne, la sangre, la tierra- está Sarnoski en su tercer largometraje como director tras Pig(2021) y Un lugar tranquilo: día 1 (2024), que la pantalla adquiere volumen, humedad, textura y temperatura. El ojo detecta hasta el astillado del temporal después de que le hayan hendido una azada bien hasta dentro. Tan ultraviolenta y feral como Valhalla Rising (2009), de Nicolas Winding Refn, a ratos también poética, a ratos también psicodélica, La muerte de Robin Hood es una pieza de arte, cine de aventuras, una elegía y un drama histórico que cuestiona el mito, el relato y el misterio.

Desmantelando la Leyenda: Robin Hood, ¿Héroe o Criminal?

Poco se puede conocer de la realidad del ídolo, sobre todo cuando ha pasado casi un milenio desde su supuesta existencia. Al héroe siempre se le atribuyen las virtudes deseadas, no las demostradas, y los héroes se construyen para favorecer unos intereses políticos, sociales o espirituales que poco atienden a las máculas inherentes al ser humano. Que se lo pregunten si no a Lance Armstrong. Ni siquiera hoy existe un consenso sobre la existencia de Robin Hood, sobre si fue un hombre real o una idea -algunos historiadores defienden que fue un nombre genérico para denominar a los bandidos de la época-, si fue noble o vasallo, si fue un idealista o un criminal sangriento. Y es el derrocamiento del concepto mismo de mito lo que propone Sarnoski en La muerte de Robin Hood. La contradicción entre aquello de lo que somos testigos y el testimonio.

Ya no es Robin Hood el bandido jovial, jeta y contorsionista del Errol Flynn de Robin de los bosques (1938), de Michael Curtiz, ni el del amor crepuscular de Sean Connery en Robin y Marian (1976), de Richard Lester. Ahora Robin (Hugh Jackman) es un vagabundo acechado por sus fantasmas que sólo desea «una muerte digna». Huraño, nihilista y desaseado, malvive entre los riscos y las tempestades, esperando a que un familiar de cualquiera de sus numerosas víctimas acabe con su sufrimiento y su mito. «No hubo nadie más atroz que el bandido y asesino Robin Hood», propone la película.

Sarnoski ha tomado como base para su contrarrelato algunos versos medievales y, en concreto, el Scotichronicon, unas crónicas escritas en el siglo XV por el historiador escocés Walter Bower, donde aparecen algunas de las primeras menciones a Robin Hood y al pequeño John: «Entonces surgieron el célebre asesino Robert Hood y Little John, junto con sus cómplices de entre los desheredados -a quienes el pueblo insensato tanto se deleita en celebrar, tanto en tragedias como en comedias, y sobre quienes disfruta escuchar cantar a bufones y juglares por encima de cualquier otra balada-«.

Jodie Comer es la priora Birgit, que cuida de Robin Hood en sus últimos días. (DeAPlaneta)

Un Viaje al Crudo Siglo XIII: Violencia y Desesperación

El vestuario, pesado, áspero y hediondo, transporta directamente a un año 1247 de hambre, frío y muerte, ¡qué poco apetecible se presenta el siglo XIII a ojos del siglo XXI! Una época en la que nadie conocía por cara al vecino de dos pueblos más allá, cuando la identidad era difícilmente demostrable, cuando cualquiera podía inventarse un pasado y hasta una leyenda. Los aldeanos vivían en pequeñas poblaciones, pero también en granjas aisladas que eran botín fácil para bandas de cuatreros. Además, las tierras del Reino Unido vivieron varios conflictos civiles y enfrentamientos entre nobles y reyes, lo que arrastró a sus vasallos. La supervivencia con todos los órganos intactos sí que era una fantasía.

Años después de sus últimas hazañas, el pequeño John (un irreconocible Bill Skarsgård) busca a Robin Hood; aunque John ha sentado cabeza y ha formado familia, quiere proponerle una última aventura que, obviamente, no sale como esperaban. Todos los hombres en esta historia tienen algún muerto a quien vengar o por el que sufrir la venganza. Y la propuesta de Sarnoski es oscuridad y violencia, un entorno en el que los paisajes, apagados y hostiles, lo engullen todo; las figuras humanas fragmentadas, grotescas, iluminadas solo por el fuego de las antorchas, la sangre a borbotones reflejando imágenes dantescas, pero de gran belleza pictórica, como cuadros tenebristasde Gerrit van Honthorst.

Hugh Jackman vuelve a demostrar sus dotes para interpretar a hombres atormentados. (DeAPlaneta)

Redención y Misticismo: El Refugio de Birgit

Pero La muerte de Robin Hood pronto entra en un terreno más místico, más reflexivo y luminoso, cuando llega al convento dirigido por la priora Birgit (Jodie Comer), una especie de edén en medio de la brutalidad. Allí conviven huérfanos, leprosos (Murray Bartlett) y religiosas; la priora lleva a cabo sangrías para limpiarle la sangre a Robin, de incógnito bajo el nombre de Rudolph, que reflexiona sobre el sentido de su vida y la expiación de una vida sin empatía, que ha dejado un reguero de damnificados de los que ni siquiera se acuerda.

La Estética de Sarnoski: Maestría Visual y Sonora

Gracias a la fotografía expresiva de Pat Scola, que cuenta con una amplia trayectoria en el videoclip y que ya trabajó con Sarnoski en Pig, La muerte de Robin Hood también nos adentra en el terreno de lo irreal, de la fábula. Rodada en 35 milímetros, el celuloide aporta a la vez una sensación etérea, pasada, pero también una rugosidad que ancla la película a tierra. Y la imagen se acompaña de la banda sonora del músico folk Jim Ghedi, que añade una trascendencia épica pero terrenal a la narrativa, como de trovador inglés que viaja con la savia de los árboles.

Actuaciones Magistrales: Jackman y Comer

Y mientras Jodie Comer aporta su belleza y serenidad a una película que arranca desde la víscera, Hugh Jackman vuelve a demostrar que sus mejores papeles son aquellos de renegado, de antihéroe crepuscular de vuelta de todo, un papel con el que en Logan (2017), de James Mangold, dotó de profundidad y volumen a las dos dimensiones de un cómic. Aquí el dolor supura por fuera y por dentro, y el personaje de Robin necesita desprenderse de su leyenda, de sus cadáveres y de sí mismo para poder descansar. Y expiar sus pecados cumpliendo una promesa y, como en Logan, salvando, por una vez, a quien es más vulnerable.

Los paisajes de ‘La muerte de Robin Hood’. (DeAPlaneta)

El Legado de un Antihéroe: Reflexión Final

Y es que Sarnoski ya no se centra en la construcción del mito, sino en su destrucción. El director y guionista plantea cómo funciona la distorsión de la realidad en un acuerdo consensuado que permite imaginar mundos mejores, alejados de la infamia del nuestro. Como en la religión, las sociedades necesitan creer en algo próximo, en algo en lo que puedan ver reflejados sus valores. Pero también tienen que ser capaces de, más tarde, revisar dichos mitos y entender por qué entonces los necesitamos. Desde Don Pelayo a Lorca, tan legendarios como humanos.

DnG