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Su triste noche rumbo al Mundial 2026

Equipo ClickDirecto

«Un Mundial de Ida y Vuelta»: Caparrós y Villoro Retoman el Debate Futbolero con Pasión Crítica

La vibrante correspondencia entre dos pilares de las letras hispánicas, Martín Caparrós y Juan Villoro, reabre el telón de su aclamada serie «Un Mundial de Ida y Vuelta». Iniciada en Qatar 2022, esta conversación íntima y a la vez pública, entre amigos y fervientes aficionados al fútbol, se retoma con idéntica pasión para seguir cada jornada del actual Mundial de EEUU, México y Canadá. Una mirada incisiva que trasciende el marcador para adentrarse en las complejas capas del deporte rey.

Análisis Póstumo: La Derrota Argentina y el Enigma Messi

Cuando la Justicia Es Justa: La Sorprendente Lógica de una Derrota

Estimado Granjuán, la caprichosa justicia, a veces, se alinea con la lógica. Y precisamente hoy lo hizo. El equipo que genuinamente procuró jugar a lo largo de los noventa minutos, curiosamente, se alzó con la victoria. El otro, el que no ejecutó un solo remate —ni uno— a portería, fue derrotado: caprichos, o no tanto, del destino futbolístico.

Como presenciamos tú y el mundo entero, Argentina cayó. La derrota, aunque dolorosa, fue completamente lógica, pero, paradójicamente, incomprensible. ¿Cuál era la estrategia argentina? ¿Acaso apostaban a resguardarse en su propio campo durante dos horas sin conceder un gol para forzar la tanda de penaltis? Jamás lograron construir juego; ni siquiera ejercieron presión. Ya en el primer tiempo, resultaba penoso observar cómo los jugadores españoles recibían el balón con total tranquilidad en tres cuartos de cancha, buscando opciones, pensando sus movimientos, mientras los argentinos simplemente los dejaban hacer.

El Misterio del Capitán: Un Messi Desconectado en la Noche Triste

La dinámica del partido era extraña, pero lo más desconcertante fue la actuación del gran capitán. Desde el pitido inicial, percibí algo inusual en Messi. No sé qué era, pero se le veía desinteresado, dejando pasar jugadores y balones a su lado sin siquiera mirarlos. Alrededor de los veinte minutos, Argentina obtuvo un tiro libre desde la izquierda de su ataque, a unos cuarenta metros del arco español: una pelota clásica para que Messi la pusiera en el área, pero no lo hizo. Se paró a un lado y dejó que De Paul ejecutara el disparo. Esta actitud se repitió durante todo el encuentro, salvo dos o tres destellos aislados: lo miraba desde lejos, caminando, como si el partido no le importara. Tú sabes que el primer tango-canción, que inauguró el género en 1917, se titulaba «Mi noche triste». La suya, sin duda, fue esta noche.

Errores Tácticos y la Ilusión de la Injusticia Salvadora

El resto del equipo era incapaz de encadenar tres pases seguidos, caían en una violencia innecesaria —uno se hizo expulsar—, y el técnico tomó decisiones tan curiosas como repetir el error de Tuchel que nos permitió ganarle a Inglaterra: para proteger el cero, alineó a tres centrales. En resumen, todo funcionaba mal y nuestra única esperanza era que la injusticia se manifestara y nos condujera a los penaltis. Casi lo logramos, pero no fue así. Y, en el fondo, estuvo casi bien: es maravilloso ganar, pero ganar de esa manera no siempre sabe tan bien. España es el campeón y sería un gran campeón si supiera cómo meter goles. En su defecto, consiguió que la falta de ellos no fuera indispensable para su victoria.

Más Allá del Marcador: Reflexiones Profundas sobre la Argentinidad y el Patriotismo Futbolero

Y ahora, querido Granjuán, voy a compartirte una intimidad, un gaje de este oficio que tan bien conoces. Lo que leerás a continuación no lo escribo ahora; lo redacté esta tarde, antes del partido. Era lo que deseaba expresar, más allá o más acá del resultado. Hubiera sido más elegante publicarlo tras un triunfo; lo hago en esta derrota que duele y, sobre todo, por sus formas, me asombra.

La Obsesión por «Lo Argentino»: Una Discusión Sin Sentido

Lo que quería decir es que, a lo largo de este mes y medio, me he encontrado con sensaciones encontradas. Jamás hubiera imaginado esta avalancha de palabras en medios, redes y hasta en conversaciones cotidianas sobre «lo argentino». Hacía mucho tiempo que no veía una discusión semejante sobre supuestos caracteres nacionales; mucho sin ver nada sobre la violencia de los americanos, la vanidad de los franceses, el desdén de los ingleses, la hispanidad de los españoles. Pero sí, en estos días, toda una catarata sobre cómo somos los argentinos. No solo los que nos atacan diciendo que somos orgullosos, quejosos, astutos, ventajeros —y, ahora, tramposos y obsecuentes del poder—. También los que nos defienden diciendo que somos resilientes, emotivos, astutos, amigueros y que compartimos el mate de la misma bombilla.

Yo no creo en los caracteres nacionales. Hablar de «los argentinos» carece de sentido. ¿Quiénes son «los argentinos»? ¿Los cientos de miles que salen a la calle para defender la educación pública o los millones que votaron a un odiador serial que intenta acabarla, o los millones que «no quieren meterse»? ¿Los que tratan de aprovechar sus conexiones para hacer más dinero o los que buscan trabajo y no consiguen? ¿Los millones que se preparaban para salir mañana a las calles pero no lo hacen cuando saben que hay otros que no comen? ¿El señor director o la señora que le limpia el baño? ¿Por qué se igualarían? ¿Por la patria, porque son todos argentinos? ¿Qué construye una patria? ¿Que unos muchachos sean mejores que otros pateando una pelota? Parece que la mayor expresión de «lo argentino», lo que nos une como nada más, fuera eso; si es así, Argentina sirve para poco.

El Patriotismo, una Treta Boba: ¿Qué Nos Une Realmente?

Estoy —y supongo que no es el momento de decirlo— bastante harto del patriotismo en general y del patriotismo futbolero muy en particular. Bastante harto del fervor con que sostenemos esta causa común que todos pueden abrazar porque no molesta a nadie, porque no implica ningún cambio, porque solo involucra verdaderamente a esos pocos muchachos que salen a la cancha, porque el patrón que despidió a 20 empleados celebrará lo mismo que ellos, porque Milei y yo y los torturadores de la dictadura deberíamos gritar el mismo gol como si hubiera algo que estuviera por encima del respeto, la solidaridad, la canallada, los rencores: la patria que nos une —y la patria es mirarlo por la tele y gritar unos goles y cantar esos cánticos tan sentidos—. La patria siempre es una treta, pero cuando la patria es fútbol, es una treta boba —y por eso, supongo, funciona.

Una Conversación que Continúa: La Intimidad de la Amistad Literaria

El Valor del Intercambio y la Promesa de Futuras Charlas

En fin, Granjuán, discúlpame este desahogo. Este Mundial me ha hecho reflexionar profundamente sobre el fútbol y mi propia relación con él. Intentaré revisitar estas ideas poco a poco, en una noche menos marcada por la derrota. Ya te lo iré contando, cualquier día de estos, sentados con una chela o una limonada. Sí, lo siento: últimamente es limonada.

Mientras tanto, te agradezco todos estos encuentros. Te agradezco el cariño y el humor, y esa cosquilla de recibir tu carta y leerla pensando «y ahora cómo coño le contesto», y el placer de ir encontrando las palabras, aunque nunca estuvieran a tu altura.

Nos hemos pasado un mes y medio en diaria compañía: la seguimos.

Te abraza,

m.

DnG