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Sonda coreana capta el crater que dejo el cohete de Elon Musk

Equipo ClickDirecto

Confirman el impacto de una pieza del cohete Falcon 9 de SpaceX en la Luna

Una pieza procedente de un cohete Falcon 9, propiedad de la compañía aerospacial SpaceX de Elon Musk, colisionó contra la superficie de la Luna. Aunque la trayectoria y el destino inevitable del artefacto ya habían sido confirmados por astrónomos independientes, la NASA y la propia empresa, no ha sido hasta ahora cuando se ha obtenido la evidencia visual definitiva. La sonda espacial Danuri, perteneciente a la Agencia Espacial de Corea del Sur, ha logrado capturar la pequeña sombra del cráter generado por el impacto del cohete en el satélite natural.

Desde la agencia surcoreana detallaron en redes sociales que la sonda sobrevoló el área prevista para el choque, realizando un total de ocho sesiones fotográficas antes y después del evento. Gracias a estas maniobras de control orbital, los científicos han podido identificar alteraciones notables en el terreno lunar, así como rastros correspondientes a la dispersión del material excavado por la fuerza del impacto.

La colaboración internacional para analizar el impacto lunar

Los datos científicos recopilados por la sonda Danuri serán empleados en investigaciones de gran relevancia para la comunidad científica. Está previsto que esta información se combine de forma directa con las observaciones realizadas por el orbitador Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA, consolidando una alianza científica internacional destinada a estudiar las consecuencias de este tipo de colisiones.

Previamente a la obtención de estas imágenes, el telescopio VLT del Observatorio Europeo Austral (Chile) ya había detectado líneas espectrales, una medición indirecta que evidenciaba la columna de polvo levantada tras el choque, sirviendo como la confirmación inicial más sólida del accidente espacial.

Origen y características del cohete abandonado en el espacio

El artefacto estrellado corresponde a la etapa superior de un cohete Falcon 9 lanzado en enero del año pasado con el objetivo de transportar los módulos lunares Blue Ghost (de Firefly Aerospace) y Resilience (de la empresa japonesa Ispace). Esta misión se enmarcaba dentro del programa de Servicios Comerciales de Carga Lunar (CLPS) de la NASA, vinculado a la iniciativa Artemis para establecer una presencia humana permanente en la Luna.

Mientras que la primera fase de estos cohetes suele regresar a la Tierra para ser reutilizada, la etapa superior —un cilindro de más de 12 metros de longitud y un peso aproximado de cuatro toneladas— quedó orbitando sin combustible suficiente para el retorno. Tras vagar de forma descontrolada durante más de un año bajo la influencia de la gravedad y la actividad solar, el cohete impactó contra el suelo lunar a una velocidad vertiginosa de 8.700 kilómetros por hora.

Impactos espaciales y el problema creciente de la basura espacial

A diferencia de los meteoroides naturales que bombardean la Luna constantemente debido a la ausencia de atmósfera, este suceso destaca por aportar datos exactos sobre la masa, la velocidad y el ángulo de entrada del objeto. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, señaló que impactos de magnitudes similares ocurren de forma natural cada pocos días, restando dramatismo a la colisión en términos físicos, pero abriendo un debate profundo sobre la sostenibilidad espacial.

Tanto SpaceX como la agencia estadounidense han manifestado su intención de replantearse la gestión de los restos de cohetes en misiones futuras, especialmente ante el desarrollo inminente de bases habitadas en la superficie lunar. Este incidente se suma al ocurrido en 2022, cuando una etapa de un cohete fuera de control impactó de manera accidental contra el satélite, convirtiéndose entonces en el primer registro de este tipo.

Aunque el choque no ha supuesto ningún peligro para la Tierra, los expertos advierten sobre el desafío global que representa la acumulación de basura espacial. Actualmente, se calcula que cerca de 140 millones de desechos orbitan descontrolados alrededor de nuestro planeta a velocidades superiores a los 28.000 kilómetros por hora, siendo los cuerpos de cohetes abandonados los elementos de mayor tamaño en situación de riesgo orbital.

DnG