Félix Sánchez Enciende la Llama: Un Homenaje al Legado Olímpico Dominicano
La noche se vistió de gala en Santo Domingo para los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026, y el punto culminante fue la distinción de Félix Sánchez, el inmortal «Super Súper» dominicano, al encender el pebetero. Este emotivo acto trascendió la mera formalidad, convirtiéndose en un sentido y merecido homenaje al atleta más grande en la historia del deporte dominicano, un verdadero ícono que ha elevado el nombre del país en escenarios mundiales.
El doble campeón olímpico y mundial, conocido por su determinación y espíritu indomable, demostró su grandeza una vez más, brillando en el cierre de un espectáculo que cautivó a miles. Con una duración que superó las tres horas, la ceremonia inaugural fue un despliegue magistral de tecnología, ritmos vibrantes y profundas expresiones de la cultura dominicana, un marco perfecto para la gesta del campeón.
Con la antorcha en mano, Sánchez recorrió el óvalo del estadio (aproximadamente 600 metros), saludando a una multitud delirante que no cesaba de aplaudir. Cada paso fue un eco de sus victorias, un reconocimiento a la carrera que no solo forjó su leyenda personal, sino que también marcó el despegue mundial del deporte dominicano. Fue un momento de comunión, de celebración pendiente, donde el público pudo agradecerle en su propia casa la gloria que les brindó.
Este memorable cierre rindió honores a los pioneros y constructores del actual deporte dominicano, así como a una pléyade de exatletas cuyas hazañas, a lo largo de las últimas seis décadas, han sido grabadas con letras de oro en la memoria colectiva, formando la base sólida sobre la que hoy se erige la grandeza atlética del país.
Un Relevo de Leyendas: De los Pilares a los Íconos del Deporte Dominicano
El fuego sagrado de los Juegos Centroamericanos 2026 inició su recorrido ceremonial en la entrada oeste del emblemático Centro Olímpico Juan Pablo Duarte. Allí, Carla Read García Muñoz, con solemnidad, tomó la llama frente al memorial dedicado a su abuelo, Ulises García Saleta «Wiche», figura insigne y reconocido como el «padre del olimpismo dominicano«. «Wiche» fue el visionario arquitecto detrás de la creación de este majestuoso parque deportivo y el incansable gestor que aseguró la sede de los XII Juegos Centroamericanos en 1974, un hito para el país.
La antorcha continuó su viaje en manos de Aida García Repley, nieta de otro inmortal del deporte dominicano, Enrique Repley Marín, cuya influencia fue clave en el fomento deportivo desde la década de 1960. De García Repley, la llama pasó a los descendientes de Roque Napoleón Muñoz, el primer dominicano en ostentar la prestigiosa membresía del Comité Olímpico Internacional (COI). Su nieta, María Laura García Muñoz, la condujo hasta José Joaquín Puello Herrera, una eminencia en la gestión deportiva como expresidente del Comité Olímpico Dominicano (COD) y artífice del exitoso montaje de los Juegos Panamericanos de 2003 en Santo Domingo.
Al ingresar al estadio, Puello Herrera entregó la antorcha a la exvoleibolista Milagros Cabral, quien, tras un breve pero significativo trayecto, la cedió al legendario exaltero Amaury Cordero, el único medallista de oro dominicano en los históricos XII Juegos Centroamericanos. El relevo prosiguió con el carismático exbaloncestista José «Boyón» Domínguez, quien pasó la llama a la destacada expesista Yudelquis Contreras.
La procesión de glorias continuó su marcha: Yudelquis Contreras la llevó al expelotero Juan «Piñao» Ortiz. Posteriormente, la exbaloncestista Teresa Durán tomó la antorcha, cediéndola al propulsor deportivo Isaac Ogando. Él, a su vez, la entregó al exboxeador Félix Díaz, antes de que el exvelocista paralímpico Robert de los Santos la recibiera, para finalmente, en un momento cargado de simbolismo, pasarla a las manos de Félix Sánchez.
Tras completar una emotiva vuelta a la pista, precisamente donde en 2003 conquistó el oro Panamericano ante un estadio vibrante y abarrotado, Félix Sánchez ascendió a la tarima central. Apuntó con la antorcha hacia el pebetero situado en el lado este, desencadenando un espectacular sistema de luces coreografiado con drones, que culminó con el encendido majestuoso de la llama. Este fuego sagrado arderá en los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, marcando el inicio de un certamen que se extenderá hasta el ocho de agosto y que promete ser un festival de la excelencia deportiva y la confraternidad regional.
DnG
