El Imperativo de la Conducción Democrática en América Latina
La esencia del liderazgo demanda compromiso y acción decidida. En el contexto venezolano, muchos abogamos por un cambio tras la tiranía de Nicolás Maduro, conscientes de que ciertos principios fundamentales podrían tensarse temporalmente. La soberanía de Venezuela fue, en efecto, secuestrada por un régimen narcoterrorista. Abogar por la no intervención en tal escenario, o denunciar supuestas violaciones, omitía lo crucial: un pueblo sin voz, un estado criminal y violaciones sistemáticas de derechos humanos exacerbadas por una elección birlada. Se apostaba por una reinstitucionalización democrática que, si bien podría requerir sacrificar principios transitoriamente, prometía saldar las deudas jurídicas e institucionales una vez alcanzado el objetivo primordial.
La Complejidad de las Transiciones Post-Dictatoriales
No existe un manual infalible para la salida de una dictadura, ni una transición democrática «impecable». Cada situación es única. Todas las transiciones posteriores a tiranías han implicado puentes complejos, saltos al vacío, concesiones discutibles y recriminaciones históricas. Desde las consecuencias de la Guerra Civil española hasta los modelos de transición de Chile, Argentina, Uruguay o España en los años setenta y ochenta, cada uno se adaptó a su idiosincrasia y contexto. Lo esencial, sin embargo, fue la recuperación de la democracia, un proceso siempre inconcluso pero vital.
Estados Unidos: ¿El Líder Continental que América Necesita?
Sin importar la opinión personal sobre su presidente, Estados Unidos permanece como la principal potencia mundial. Conserva una capacidad militar inigualable, emite la moneda más fuerte que mueve el 60% del mercado global y posee uno de los mercados consumidores más ávidos. Aunque China emerge como un competidor formidable, el liderazgo estadounidense parece perdurar por un tiempo más, manteniendo el escenario actual a corto plazo.
Los pueblos americanos anhelamos un auténtico líder continental: uno que apueste por nosotros, impulse un mercado común, fomente una capacidad seria de defensa conjunta —como alguna vez se soñó con el TIAR— y actúe con la hermandad demostrada en momentos cruciales, ejemplificada con la Argentina de Javier Milei o el Uruguay de Jorge Batlle. Ser líder conlleva un costo, pero también ofrece ventajas inmensas.
Quien encabeza el continente debe promover para los demás la misma democracia que reclama para sí. ¿Somos meramente el «patio trasero» o, con inteligencia y voluntad, podríamos ser el «patio delantero del mundo»? Reconocernos como un solo continente, con pocos idiomas y mezclas culturales maravillosas, nos diferenciaría de otros continentes asediados por conflictos étnicos y religiosos.
Un Llamado a la Unidad Operativa Americana
Tanto México y Brasil, con sus gobiernos de izquierda, como Estados Unidos, con su administración republicana, deben comprender una verdad estratégica: solo una unidad operativa americana nos permitiría relacionarnos con el resto del mundo desde una posición extraordinaria, de mayor relevancia e influencia avasallante. Lamentablemente, este desafío trascendental nunca ha sido asumido con la seriedad que merece, quedando en intentos fallidos y clubes de amigos efímeros.
Un Vistazo al Tablero Global: Europa y Asia en la Encrucijada
Actualmente, presenciamos el «infarto» de Europa. Un continente con baja natalidad, una población primigenia envejecida, sistemas previsionales quebrados y una inmigración que gran parte de sus sociedades rechaza. Este cóctel explosivo se complica aún más con la plena incorporación del islamismo, un asunto no menor en la realidad europea. Para muchos, Europa ya no es futuro; es pasado, y el desenlace, como en el Fausto de Goethe, comienza a ser previsible.
Asia: La Ascensión Estratégica de China
Asia, por su parte, es y será crecientemente influida por la China actual. Quienes ingenuamente interpretan el «libro blanco» chino como una hoja de ruta inocente, harían bien en consultar a japoneses, tibetanos y taiwaneses. Estas perspectivas, entre muchas otras, confirman que China lleva mucho tiempo calentando motores, actuando a su propia velocidad y esperando el momento oportuno. El pensamiento estratégico chino, de raíz confuciana, no mide los procesos con el mismo reloj occidental; el tiempo les sobra.
La Oportunidad Histórica de Donald Trump: Libertad para Venezuela, Cuba y Nicaragua
Donald Trump tiene hoy una oportunidad dorada de quedar en la historia como el líder que protagonizó decisivamente la democratización de Venezuela, Cuba y Nicaragua. No es un logro menor para tres países que llevan décadas sumidos en el infierno y miles de muertos a manos de dictadores criminales. Es una afrenta insoportable para los demócratas tener que seguir soportando a estos tiranos, y duele cuando Estados Unidos no comprende que no todo es negocios; la democracia es un grito urgente. La lentitud de la Corte Penal Internacional es frustrante, permitiendo que estos tiranos eludan la justicia.
En estos tres casos, es un hecho que los pueblos rechazan y odian a sus gobernantes, y que se debe colaborar con una transición democrática por la vía electoral. No son escenarios como Afganistán o Irak; existe suficiente experiencia internacional para cooperar civilmente, reconstruir instituciones y acompañar estos procesos. El deseo por sacarse de encima a esos sátrapas es el sueño cotidiano de estas naciones, una obviedad que las agencias de inteligencia deberían reconocer.
Más Allá de los Negocios: El Valor de la Democracia
Actuar con rapidez y eficiencia, permitiendo que cada pueblo conduzca libremente su destino, sería una tarea histórica y necesaria. Pero esta tarea debe asumirse con seriedad. Si todo se reduce a negocios petroleros, intereses inmobiliarios o acuerdos de ocasión, el propósito se desvirtúa. La democracia es lo prioritario; todo lo demás es secundario.
Los demócratas del continente necesitamos de Estados Unidos compromiso y acción concreta: menos palabras, más hojas de ruta claras y mayor colaboración internacional con quienes tienen la capacidad para participar en estas transiciones.
Si la inteligencia estadounidense no comprende que María Corina Machado representa la voz de la Venezuela que viene, entonces su trabajo es deficiente. Es el sentir de millones de venezolanos.
Si tampoco se entiende que Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega encarnan lo peor que les ha ocurrido a Cuba y Nicaragua, se falla en lo elemental. Los intereses de EE. UU. no pueden convertirse en el obstáculo que impida la democratización. Las conversaciones mantenidas durante la presidencia de Barack Obama con el régimen cubano, que no cambiaron casi nada, son un recordatorio doloroso de que las fantasías diplomáticas no alteran la realidad.
La Presión Inteligente como Vía para la Transición
Si Donald Trump quiere marcar un gol para la historia, debe contribuir a derribar esas dictaduras. No mediante las armas; son regímenes mucho más frágiles de lo que aparentan. Ante una presión política, económica y diplomática seria, coordinada y persistente, sus dirigentes podrían descubrir que su poder no era tan sólido como suponían.
Hay que hablarle al presidente Donald Trump de frente, como a él le gusta: nosotros, los americanos, queremos para nuestros países lo mismo que usted quiere para el suyo. Queremos democracia, separación de poderes, respeto por los derechos humanos y elecciones libres en Venezuela, Cuba y Nicaragua. Las queremos pronto; anhelamos que el próximo año sea el de esas transiciones. Y queremos que Estados Unidos ayude, acompañado por todos aquellos países y organismos capaces de sumarse a la tarea. Basta de conversatorios; urge concretar cronogramas y acciones.
El Sueño Americano: Fraternidad y Democracia en el Continente
La democratización del continente generaría un clima de entendimiento, convergencias positivas y reconciliación sin precedentes. Si somos el continente de la democracia, si contamos con la democracia más poderosa del mundo a la cabeza y si, durante 250 años, Estados Unidos ha irradiado la idea de libertad hacia el resto de América, entonces una transformación semejante nos cambiaría tanto a Estados Unidos como a todos nosotros.
Que los amargados y resentidos queden por el camino, creyendo que todo esto se reduce al capitalismo. No es así. Se trata de libertad, igualdad y fraternidad: aquel ideal que nació como fuerza política en Francia, pero que todavía debe consolidarse plenamente en nuestro continente. La libertad, como aspiración, está asumida. La igualdad, antes que nada, igualdad ante la ley, ha mejorado, pero aún tenemos mucho que avanzar. Pero la fraternidad es lo que más nos falta; aún carecemos de aquella hospitalidad de los antiguos griegos: el reconocimiento del otro como parte de una comunidad compartida. Fraternos al reconocernos pares: este es el punto.
Un Petitorio Urgente para el Coraje Americano
Por eso, estas líneas, más que un reproche, son un petitorio. Quienes conocemos la cabeza pensante de Estados Unidos sabemos que esta posibilidad existe ahora o quizá no exista nunca. Hoy podría concretarse por razones geopolíticas que exceden estas páginas. Pero es ahora. De lo contrario, quién sabe cuándo será real. Por ello nos jugamos tanto, y resulta imprescindible que aflore el mejor coraje norteamericano: que Estados Unidos asuma el acompañamiento de estas transiciones y comprenda que este, y no otro, es el momento decisivo.
DnG
