Emotiva Celebración de Vida Rinde Homenaje al Inmortal José “Piculín” Ortiz en el Coliseo Roberto Clemente
La entrada principal del histórico Coliseo Roberto Clemente fue el punto de encuentro este viernes, cuando más de 100 personas comenzaron a formar una fila, extendiéndose hasta el segundo nivel del icónico recinto. No era un partido vibrante del Baloncesto Superior Nacional (BSN) ni uno de los tantos conciertos que han resonado en sus paredes, sino un acto solemne: la «Celebración de vida» en honor al legendario José «Piculín» Ortiz.
Un Adiós Diferente: Multitudes Honran a Piculín en el Clemente
El ambiente dentro del coliseo era de profunda reverencia, lejos de los ensordecedores vítores de los Cangrejeros de Santurce de finales de los 90 y principios de los 2000. Sin embargo, un clamor espontáneo rompió el silencio: «¡Viva Picu, Viva Picu!», coreado tras un aplauso solicitado por Monseñor Antonio “Tito” Vázquez. Este acto religioso marcó el inicio del tributo a Piculín Ortiz, el inolvidable centro de la Selección Nacional y miembro del Salón de la Fama de la FIBA, quien falleció a los 62 años tras una valiente lucha contra el cáncer colorrectal.
La emotiva ceremonia de recordación honró el legado de Piculín Ortiz, congregando a una plétora de personalidades. Desde figuras cimeras del baloncesto de distintas épocas hasta líderes políticos como los exgobernadores Aníbal Acevedo Vilá y Alejandro García Padilla, y el actual alcalde de San Juan, Miguel Romero. Es importante destacar que, por deseo del propio Ortiz y su familia, no hubo velatorio de cuerpo presente, concentrándose el evento en la celebración de su extraordinaria existencia.
Legado y Unidad: Símbolos Que Hablan del Baloncesto Puertorriqueño
Entre los primeros en llegar para rendir tributo póstumo se encontraba Francisco “Papiro” León, excompañero de Piculín en aquella mítica Selección Nacional que logró el cuarto lugar en el Mundial de Argentina 1990. La música también tuvo su espacio, con las melodías alegres de la Tuna de Segreles y la Tuna de Cayey, el pueblo donde Ortiz fue criado.
Las pantallas del Coliseo Roberto Clemente, usualmente repletas de estadísticas de juego, esta vez proyectaron un resumen visual conmovedor de la ilustre carrera de Piculín Ortiz. Las pizarras laterales y el reloj, de forma simbólica, marcaban «44:44», rindiendo homenaje al icónico número ‘4’ que Piculín inmortalizó en su camiseta. Una imponente bandera de Puerto Rico ondeaba majestuosa desde una de las suites, y el nombre completo del legendario jugador, José Rafael “Piculín” Ortiz Rijos, se desplegaba en las vallas digitales, recordatorio constante de su magnitud.
El Baloncesto Se Une: Íconos y Líderes Despiden a Piculín
El tabloncillo se llenó de leyendas. Mario “Quijote” Morales, otro pilar de la Selección junto a Piculín, encabezaba una lista de estrellas que incluía a Raymond Dalmau (su mentor en los 90), Charlie Bermúdez, Jimmy Thordsen, Bobby Ríos, Carlos Arroyo, José Juan Barea y Rolando Hourruitiner. También se hizo presente Mario Butler, el panameño-boricua que rivalizó con Ortiz en canchas internacionales y del BSN. La dirigencia del baloncesto puertorriqueño no faltó, con Yum Ramos, presidente de la Federación, y Ricardo Dalmau, líder del BSN.
La misa de recordación contó con la emotiva participación de doña Elba Rijos, madre de Piculín, quien leyó el Salmo 23, y María Ríos, hermana de Sylvia Ríos, esposa de Piculín, con una lectura bíblica de la carta a los Romanos. Los actos, coordinados por la familia y la Federación de Baloncesto de Puerto Rico (FBPUR), comenzaron con la voz inconfundible del famoso intérprete Chucho Avellanet, entonando «Andando de tu mano».
El Corazón del Hombre: Los Testimonios Más Íntimos de la Familia
La viuda, Sylvia Ríos, ofreció un discurso conmovedor: «No les voy a hablar de estadísticas ni de logros alcanzados. Les voy a hablar del hombre que yo conocí.» Subrayó la profunda admiración de Piculín por las mujeres y su incansable defensa de sus derechos. Identificó a cuatro mujeres cruciales en su vida: doña Elba, su madre («la roca»), Neira Ortiz (su hija), la propia Sylvia, y finalmente, a Puerto Rico, su amada patria. Sylvia destacó el «corazón grande» de Neira por restablecer la relación con su padre años antes, una conexión que Piculín atesoró. «Nadie más distinto a mi esposo que yo,» confesó Sylvia, «pero la complicidad, su admiración y el amor pudieron más que las diferencias. Se ama con luces y sombras. Así amé a mi esposo, a mi Picu.» Finalmente, agradeció a Armandito Torres por inculcarle a Piculín el amor por Puerto Rico.
Con lágrimas que a duras penas controlaba, Neira Ortiz, la hija de Piculín y destacada voleibolista, rindió tributo: «Hoy despedimos a mi papá pero también celebramos la vida tan grande que llevó. Muchos lo conocieron por el deporte, por sus victorias, por la pasión y disciplina… Él sabía lo que era luchar, caer y levantarse.» Gabriel, el hijo mayor de Piculín, también compartió unas palabras, visiblemente conmovido por la solidaridad del pueblo. «Aunque sé que nuestra relación fue distante, para mí no cambia nada. Es una pena que aquí, después de 40 años que acabo de cumplir ahora, estamos reunidos. Es un regalo de papi, el poder ver tanta gente y estar con mi hermana,» expresó, abrazando a Neira.
Momentos Finales y Agradecimientos a una Carrera Inolvidable
El programa continuó con la emotiva interpretación del himno nacional, «La Borinqueña», en violín por el artista Fabrián Eli, exapoderado de los Capitanes de Arecibo del BSN, mientras el público entonaba la letra desde las gradas. El evento también contó con la presencia de otras destacadas figuras políticas como el exsenador Juan Dalmau y el representante Dennis Márquez del PIP, así como Pablo José Hernández, comisionado residente en Washington. En el ámbito deportivo, exjugadores como Cheo Otero, Javier Torres, Luis Allende y Filberto Rivera, junto a dirigentes como Nelson Colón y el español Paco Olmos, y la presidenta del Comité Olímpico de Puerto Rico, Sara Rosario, se unieron a esta memorable despedida de una leyenda. La tarde fue un testamento vivo del amor y el respeto que Puerto Rico siente por su «Picu».
DnG
