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Nuevas reglas sin variar aranceles

Equipo ClickDirecto

El impacto de los aranceles de EE. UU. en la economía chilena y el nuevo escenario global

Los aranceles anunciados por Estados Unidos han concentrado el debate económico chileno durante las últimas semanas. La discusión ha girado, con razón, en torno a sus efectos sobre las exportaciones, la competitividad y las relaciones bilaterales. Sin embargo, ese debate aborda principalmente lo urgente. Lo importante es comprender por qué esos aranceles hoy resultan políticamente posibles y estratégicamente aceptables para la principal economía del mundo.

Durante buena parte de las últimas tres décadas, la economía internacional descansó sobre un supuesto relativamente simple: la apertura comercial, la expansión de las cadenas globales de valor y la creciente interdependencia económica reducían los incentivos al conflicto y aumentaban los beneficios de la cooperación. Chile diseñó su inserción internacional bajo esa lógica. El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, la expansión hacia Asia y, posteriormente, la consolidación de China como principal destino de las exportaciones, respondían a un entorno donde las reglas cambiaban lentamente y permitían planificar decisiones de largo plazo.

En teoría de juegos, ese escenario puede describirse como un juego repetido. Cuando los jugadores interactúan durante largos períodos bajo reglas relativamente estables, aprenden del comportamiento de los demás, ajustan gradualmente sus decisiones y desarrollan expectativas suficientemente confiables para sostener relaciones duraderas. La estabilidad institucional deja de ser un dato accesorio y pasa a constituir una condición para la cooperación.

Del juego repetido al juego dinámico: La transformación geopolítica

Ese supuesto comenzó a debilitarse mucho antes de los actuales aranceles. La crisis financiera de 2008, el ascenso tecnológico de China, las vulnerabilidades reveladas por la pandemia y la creciente competencia por el control de tecnologías y recursos estratégicos modificaron progresivamente la percepción de las principales potencias. La interdependencia dejó de entenderse únicamente como una fuente de eficiencia y comenzó a percibirse también como una fuente de vulnerabilidad.

Cuando las grandes potencias empezaron a utilizar la economía como un instrumento de poder nacional, también comenzaron a modificar deliberadamente las reglas bajo las cuales habían competido durante décadas. El primer gobierno de Donald Trump aceleró decisivamente esa transformación, convirtiéndola en una política explícita con aranceles, restricciones tecnológicas y políticas industriales permanentes.

La evidencia de este cambio estructural es indiscutible. Tanto la administración de Joe Biden como la segunda gestión de Donald Trump han profundizado esta estrategia. Cambian los gobiernos, los instrumentos y los estilos políticos, pero la lógica estratégica permanece intacta: la competencia económica es el componente central de la política exterior estadounidense.

En este nuevo escenario global, la economía internacional se asemeja a un juego dinámico donde las potencias no solo compiten, sino que procuran modificar las reglas para alterar los incentivos del resto. Estados Unidos combina innovación y seguridad tecnológica; China articula manufactura y financiamiento; la Unión Europea proyecta influencia mediante regulación; e India, los Emiratos Árabes Unidos y el Sudeste Asiático emergen como nuevos polos de relevancia estratégica.

La respuesta estratégica de Chile ante la incertidumbre comercial

Este cambio altera profundamente la estrategia racional de economías abiertas como la chilena. En un juego dinámico, donde las reglas cambian continuamente, la prioridad ya no es optimizar una relación bilateral bajo premisas previsibles, sino preservar grados de libertad estratégicos.

Para Chile, esto supone consolidar una política de Estado basada en una inserción internacional diversificada y flexible. Pese a las diferencias políticas internas, la dirección general de la estrategia internacional chilena ha mostrado una notable estabilidad. Desde la continuidad en las negociaciones con India y la implementación del CPTPP, hasta la consolidación del Acuerdo con la Unión Europea, el Acuerdo de Asociación Económica Integral con los Emiratos Árabes Unidos y los vínculos con el Sudeste Asiático, el país ha mantenido una línea de acción consistente.

Esta continuidad es una adaptación racional a un entorno incierto. Cuando las grandes potencias alteran las reglas del sistema, la credibilidad internacional y la estabilidad de la política exterior se convierten en activos estratégicos que proyectan confianza hacia el exterior.

El verdadero desafío para la próxima década

Los aranceles coyunturales seguirán evolucionando según las decisiones de las potencias, exigiendo respuestas oportunas. Sin embargo, el desafío estratégico es mucho más profundo: durante tres décadas, Chile aprendió a desenvolverse con éxito en un determinado tipo de juego; hoy, el desafío no consiste en jugar mejor, sino en reconocer que el juego ha cambiado.

En un sistema donde las reglas se modifican constantemente, la ventaja competitiva no pertenece al actor más grande, sino a aquel que conserva suficientes grados de libertad para adaptarse sin perder su capacidad de decisión. Ese es, en definitiva, el gran reto que enfrentará Chile durante la próxima década.

DnG