El legado y la visión económica de Mario Marcel: Radiografía de una transición y los desafíos fiscales de Chile
A un año de su salida anticipada del gobierno de Gabriel Boric, el exministro de Hacienda, Mario Marcel, rompe el silencio en una profunda revisión de su paso por la administración pública y analiza con cautela el rumbo económico impuesto por la actual gestión de José Antonio Kast. Lejos de la contingencia diaria y enfocado en su faceta académica y de autor, el otrora jefe de las finanzas públicas chilenas expone las tensiones estructurales que enfrenta el país, poniendo el foco en los riesgos fiscales de la recién aprobada megarreforma tributaria y en la persistente enfermedad de la desconfianza institucional.
Para comprender la magnitud de las declaraciones de Marcel, es imperativo remontarse al complejo escenario económico que heredó la administración anterior en 2022. Chile venía de enfrentar los estragos de los retiros masivos de fondos previsionales —calificados por el propio exministro como un «shock populista»— que dispararon la inflación y erosionaron el ahorro interno. En colaboración con el Banco Central, la gestión de Marcel logró un costoso reordenamiento macroeconómico, estabilizando las cuentas fiscales y conteniendo la espiral inflacionaria, aunque pagando un alto costo político dentro de sectores de la propia coalición oficialista que abogaban por medidas expansivas sin sustento técnico.
Datos Clave de la Coyuntura Económica Actual
- Crecimiento del PIB: La economía chilena mantiene una proyección de crecimiento cercano al 3% anual, impulsada principalmente por un dinamismo no minero que resiste a pesar de los shocks de oferta.
- Riesgo Fiscal: Marcel advierte que la megarreforma tributaria de Kast generará un déficit fiscal extendido por al menos ocho años debido a una rebaja de impuestos corporativos no compensada adecuadamente.
- Ajuste del Gasto: Pese a los anuncios gubernamentales de recortes por US$ 2.000 millones, el Informe de Finanzas Públicas proyecta un incremento del gasto de US$ 700 millones para el próximo periodo.
El análisis de impacto de estas medidas revela una profunda discrepancia técnica entre la visión de Marcel y el actual equipo económico liderado por el ministro Jorge Quiroz. Mientras el actual Ejecutivo defiende una política de desregulación y alivio tributario con la promesa de llevar al país a un crecimiento del 4% hacia el final del periodo, el exministro advierte sobre el peligro de comprometer la sostenibilidad fiscal a largo plazo. Según Marcel, apostar por una mayor recaudación inmediata mediante registros de capitales y tasas reducidas de repatriación hipoteca los ingresos futuros del Estado, incrementando el riesgo país y anulando los incentivos a la inversión que se pretenden estimular.
Asimismo, el debate en torno a la invariabilidad tributaria —recientemente validada por el Tribunal Constitucional— marca un precedente preocupante para la gobernabilidad del país. Marcel sostiene que las reformas estructurales de esta magnitud requieren amplios consensos políticos para perdurar en el tiempo. Al aprobarse por estrecho margen y validarse mediante fallos polarizantes, se alimenta un peligroso «péndulo político» donde cada administración busca deshacer la obra de su predecesora, erosionando aún más el activo más escaso y necesario de la sociedad chilena: la confianza interpersonal e institucional.
Proyecciones y Escenarios Futuros para la Economía Chilena
Mirando hacia el horizonte, los escenarios para Chile están bifurcados. Por un lado, la economía demuestra una resiliencia estructural capaz de sostener un crecimiento orgánico en torno al 3%, siempre y cuando los shocks externos de materias primas y los desajustes logísticos no alteren el panorama. Por otro lado, la gran incógnita recae sobre la salud de las finanzas públicas. El fantasma del déficit estructural y la incapacidad de la clase política para consolidar políticas de Estado transexenales amenazan con perpetuar una dinámica de confrontación que ahuyenta tanto a la inversión extranjera como a la tan anhelada estabilidad social.
El mayor temor de cara al futuro no es meramente técnico, sino político y cultural: que el péndulo ideológico se acentúe y convierta la gestión del Estado en una disputa permanente de refundaciones sucesivas. La superación de este escollo requerirá que el actual y los futuros gobiernos adopten políticas pragmáticas, reconociendo el valor técnico de las herramientas institucionales heredadas sin caer en la tentación del sectarismo. Solo así el país podrá transformar sus cifras macroeconómicas en un verdadero bienestar transversal y duradero para los ciudadanos.
DnG
