Lionel Gq3mxics2rbb5gok3xhpykeehi

La revolución argentina con Milei sigue pendiente

Equipo ClickDirecto

En Argentina, persiste un casillero vacío que la política no logra capturar. Ni la irrupción de Javier Milei en el firmamento electoral pudo llenarlo. Hay una demanda subterránea, una motivación vital, transversal y trascendente que emerge en momentos únicos. Se manifestó desde el inicio del Mundial, y en particular, desde el partido contra Inglaterra. La Selección argentina de Messi y Scaloni y las Malvinas consiguen capturar esa corriente elusiva, un «crossover» de ideologías, clases sociales y edades que la política no acierta a representar. El problema es que esta demanda, del otro lado del mostrador, no se traduce en una oferta política audaz, inteligente y con posibilidades de llegar al poder y ejercerlo con decisión.

Esta demanda se sustenta en millones de argentinos que, dejando de lado sus prejuicios, conectan emocionalmente y al unísono con dos causas: la camiseta de la Selección como bandera de todos y paraíso perdido, y las Malvinas como un dolor transgeneracional que se arrastra desde hace cuarenta y cuatro años. Es un nacionalismo de baja intensidad, muy distante del nacionalismo conservador y católico, del procesista que alimentó la Guerra de Malvinas, o del xenófobo que ve fantasmas en el porcentaje de extranjeros en Argentina.

Giovani Lo Celso con la bandera: «Las Malvinas son argentinas»SHAUN BOTTERILL – GETTY IMAGES NORTH AMERICA

El Nuevo Nacionalismo Argentino: Un Liderazgo Esperado

El Mundial y la emoción por Malvinas revelan una oportunidad para una oferta política que proponga un liderazgo superador, capaz de lograr lo difícil sin fragmentar el tejido social. Esto implica acelerar el progreso económico sostenible, con una macroeconomía ordenada y una microeconomía vibrante, sin acentuar la polarización ciudadana y política. La utopía perfecta: no solo no agravar la polarización, sino, por el contrario, contener multitudes bajo una visión compartida de futuro argentino.

Porque ya es evidente: cualquier cambio de régimen que destrabe a Argentina por uno o dos mandatos quedará frenado por el futuro movimiento pendular en una lógica estéril de extremos. La transformación política duradera depende del milagro social que origine una Argentina de consensos racionales y emocionales básicos.

Lo que se percibe en esta demanda es una especie de orgullo alegre por ser argentino: un nacionalismo inocente, sin voluntad de construir enemigos. Apenas enfocado en disfrutar de la familia, el asado con amigos, el fútbol, las librerías, las vacaciones, la escuela pública, de un lugar para bailar y en valorar el esfuerzo diario como camino al éxito. Esta Selección encarnó algo de todo eso: amistad, esfuerzo, ascenso social en el Mundial y en la vida, y una sensibilidad sutil que llevó al acto espontáneo de recoger una bandera arrojada desde la tribuna, sin premeditación ni alevosía ideológica. Pura coincidencia de sensibilidad entre los jóvenes de hoy y los de ayer en las islas.

«Arrogancia argentina», tituló el portal del británico The Sun, con la imagen de los jugadores con la bandera «Las Malvinas son argentinas»https://www.thesun.co.uk/

Aquí hay material narrativo y propositivo suficiente para una política que abandone el horizonte sacrificial, las batallas culturales y la guerra contra los poderes fácticos, para proponer la belleza de la vida cotidiana y el compromiso con la tarea. Por ahora, es un guante que nadie logra recoger.

Esa sociedad solo se expresa, por el momento, en el fútbol mundialista y en el dolor malvinero. Algo similar despuntó en la muerte del Indio Solari: una transversalidad federal y social, de seguidores de todas las edades en todo el territorio.


La Argentina que gobernó Alfonsín tenía un enemigo común por fuera de la sociedad: el poder militar. Ese liderazgo supo leer la época. No es casual que la Selección del ‘86 celebró su triunfo en el Mundial desde el balcón de la Casa Rosada


Para todos los Gobiernos, estas causas, y más si están entretejidas, son un problema. El caso de Milei no es una excepción: su condición de outsider, cada vez más desgastada desde que ostenta el poder hace dos años y medio, tampoco le bastó para encontrar una nueva relación con la demanda Malvinas y una posición constructiva para abordar el tema de la Selección nacional.

El Mileísmo y el Tablero Monocomando Emocional

El Desafío de la Conexión Emocional

En el mileísmo, existe un problema fundamental de conexión emocional: el monocomando de la rabia excluye los cincuenta matices emocionales que impulsan el deseo de una sociedad, es decir, de los votantes. Una vez que la rabia se extingue, o se transfiere al Gobierno que la representó mejor que nadie en 2023, ¿qué queda? El mileísmo en el poder no ofrece una respuesta; la rabia y la división son actos reflejos.

En general, el Gobierno de turno no logra transformarse en el gobierno de todos. Alfonsín lo tuvo algo más fácil en un punto: la Argentina que gobernó tenía un enemigo común fuera de la sociedad, el poder militar. La cohesión llegó por esa vía, y un liderazgo alfonsinista que supo interpretar la época. No es casual que la Selección del ‘86 celebró su triunfo en el Mundial desde el balcón de la Casa Rosada. Tampoco es casual que Alfonsín se hizo a un lado para disipar cualquier sospecha de aprovechamiento político para su figura: la conciencia de su carácter de figura de consenso pesaba en esa coreografía.

Maradona en el balcón de la Casa RosadaArchivo

La Selección frente a la Apropiación Política

En 2014, ya se notó un cambio: la Selección fue subcampeona en ese Mundial y fue Cristina Kirchner quien se trasladó a Ezeiza para recibirlos; la Selección en camino a un poder simbólico mayor que la esfera política y la Casa Rosada. Y una Cristina Kirchner que acaparó la escena con su protagonismo: la mención de Ezequiel Lavezzi como “sex symbol” es una prueba del pasaje de la ejemplaridad alfonsinista al narcisismo cristinista. Con Alberto Fernández, la Selección campeona rechazó la invitación a Casa Rosada, y en Ezeiza, Lionel Messi esquivó el abrazo de Eduardo “Wado” De Pedro, quien se acercó a recibirlo: Claudio “Chiqui” Tapia actuó de escudo humano para impedir esa apropiación. La cercanía a la política dejó de ser, definitivamente, un activo que conviniera a la Selección. Al contrario, se convirtió en el riesgo de contagio de un sesgo.


Desde Casa Rosada, el momento Malvinas de la Selección fue difícil de digerir. Milei ensayó respuestas que no terminaron de quedar claras: ¿condenó o no a la Selección por generar ruido en la diplomacia?


En el caso de Milei, motivos cabuleros lo retuvieron en Argentina. Fue el único mandatario, de los que debían estar en la Final, que faltó a la cita. La cábala funciona en dos sentidos: para no llevar mala suerte a la Selección repitió el modo en que vio los partidos anteriores, pero también evitó que una derrota quedara asociada a su presencia. Milei evitó ser considerado “mufa” o “yeta”. En ese punto, Mauricio Macri fue el que lo resolvió con más eficacia: estuvo presente como funcionario de Fundación FIFA en el Mundial de Qatar, y pese a todo, Argentina salió campeona. La suerte estuvo de su lado.

Mundial y los Traspiés del Gobierno de Milei

Manejo de Símbolos Nacionales

Pero en los dos temas que se cruzaron como nunca la última semana, Malvinas y fútbol, el Gobierno tuvo problemas. La ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva fue más enfática de lo necesario para evitar que los fanáticos llegaran con banderas politizadas a los partidos. La sábana-bandera de un muchacho de Villa Luro, que la Selección recogió del césped del estadio, produjo un cimbronazo geopolítico y fue la evidencia de esa demanda emocional vigente en torno a Malvinas. El sobregiro disciplinador de Monteoliva dejó al Gobierno en offside: quedó fuera del aura de la emoción Malvinas.

La publicación de Victoria Villarruel en la previa del partido entre la selección argentina e InglaterraX Victoria Villarruel

Victoria Villarruel retomó la retórica procesista y nacionalista conservadora para referirse a la Selección de Inglaterra: “piratas usurpadores”, los llamó, en un lenguaje que no representa el tono de la demanda más generalizada. Con su olfato habitual, Patricia Bullrich se desmarcó de Monteoliva y se sacó una foto alentando a la Selección con un termo que tenía impreso: “Islas Malvinas. Siempre nuestras”.

Reacción de Casa Rosada y Festejos Fallidos

Desde Casa Rosada, el momento Malvinas de la Selección fue difícil de digerir. Milei ensayó respuestas que no terminaron de quedar claras: ¿condenó o no a la Selección por generar ruido en la diplomacia? El festejo de la Final también representó un desafío: desde el viernes, hubo versiones sobre un asueto. El Gobierno anunció un festejo y un asueto antes de tiempo, que ayer quedó completamente desactivado por los mismos jugadores. La Selección también es cabulera: una fuente autorizada confirma que nadie en el círculo de Tapia estaba dispuesto a plantearle el tema a Messi y sus muchachos antes de que se jugara el partido del domingo. Lo único que se había anticipado: la reserva de un avión y de espacio en la pista argentina para el domingo a la noche.

Mundial y Malvinas obligaron a todos a hacer algún malabar. Jorge Brito, el banquero que busca su destino de outsider en un pase que todavía está libre, también aprovechó el momento: hubo una postal familiar donde Brito destacaba con una camiseta con el impreso de Malvinas y el año 1982.

Liderazgo Superador: Más Allá de la Polarización Argentina

La Huella de una Demanda Social Insatisfecha

La estructura emocional argentina con mayor base de sustentación política sigue huérfana. Una demanda social que por ahora solo encuentra respuesta en una oferta alejada del tablero político: el fútbol de Mundiales y el sentimiento Malvinas, una emocionalidad hecha desde abajo, que produce alegría y también dolor auténtico, y que sorprende cada vez que emerge. No logró representarla el kirchnerismo con todos los fuegos artificiales de la polarización. Tampoco Milei.


No hay que confundir “liderazgo superador” con una propuesta buenista bienpensante o una ilusión de cohesión hecha de centrismo retórico: esa impostura está presente en el tablero político y hay nombres y apellidos que se apropian de ese fingimiento


“Liderazgo superador” dispara las alertas: suena a humo. Pero el concepto tiene algo de verdadero: Argentina sigue a la espera de una figura política, con su propio armado, que reinvente las posibilidades argentinas. PRO y Mauricio Macri representaron en parte esa opción en 2015: el giro republicano en el ejercicio de la política y una voluntad de racionalidad económica. Se quedaron cortos: en ese hueco, se coló Milei. Los libertarios coparon el poder a fuerza de convencimiento político a la hora de dar el giro macroeconómico como respuesta a todo. No va a alcanzar.

El multitudinario festejo en el Obelisco después de la victoria en Qatar 2022Rodrigo Abd – AP

Los Tres Giros Clave para el Futuro Argentino

El giro completo implica la convergencia de las tres volteretas clave: giro republicano, giro macroeconómico y el giro del cemento emocional. Todos, o la mayoría de los argentinos, tirando hacia el mismo lado. Esa pulsión convertida en emoción generalizada, es decir, esperanza futura sostenida: sobre esa vibración se construye el futuro duradero. Al contrario, si domina la percepción de fracaso o de éxito que excluye a muchos, en un momento la calesita de la historia vuelve a cero.

Evitando Falsos Liderazgos

No hay que confundir “liderazgo superador” con una propuesta buenista bienpensante o una ilusión de cohesión hecha de centrismo retórico: esa impostura está presente en el tablero político y hay nombres y apellidos que se apropian de ese fingimiento. En el cuadrante peronista, Sergio Massa lleva años con ese intento: la esperanza blanca y capitalista de un peronismo-kirchnerismo demasiado inclinado a la izquierda y al distribucionismo deficitario sin sostenibilidad. En el cuadrante de centro derecha, Horacio Rodríguez Larreta suele caer en la tentación de un discurso de pretensión transversal, pero que se termina convirtiendo en un discurso vacío.

La esperanza es captar algo que supere grietas y coseche votos por derecha e izquierda. Pero sigue faltando un liderazgo que dispute el poder saltando por encima del laberinto de la polarización y que dé una respuesta inteligente y aurática, contagiosa y emocional, con un futuro de orden macro y micro sólida.


DnG