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La imprevisible luz en Cuba desafia la noche

Equipo ClickDirecto

La rutina de la oscuridad: cómo los apagones extremos reconfiguran la vida en Cuba

Son las tres de la mañana en La Habana. Mientras el resto del mundo duerme, un tenue zumbido eléctrico ilusiona de manera fugaz a los hogares cubanos. Para Leidis Rodríguez, de 72 años, y su hija Yaimara Matos, de 41, la llegada intempestiva de la luz no es sinónimo de descanso, sino el pistoletazo de salida para una frenética carrera contra el reloj. En apenas veinte minutos de corriente eléctrica intermitente, esta familia debe priorizar las tareas más básicas de supervivencia: cocinar los frijoles del día, lavar la ropa acumulada, planchar y combatir el sofocante calor acumulado en la vivienda. Lo que en cualquier otra latitud toma diez horas de organización doméstica, en la isla caribeña se ha comprimido en un lapso impredecible y angustiante.

Esta dinámica refleja la cruda realidad que atraviesa la sociedad cubana bajo una de las peores crisis energéticas y económicas desde el triunfo de la revolución. Los apagones crónicos, que antes respondían a cronogramas gubernamentales de ahorro energético, se han transformado en colapsos totales e impredecibles del Sistema Electroenergético Nacional (SEN). Las familias ya no planifican sus jornadas en función del trabajo o el ocio, sino de la caprichosa tregua que otorgan los electrones. La falta absoluta de previsibilidad ha convertido la cotidianidad en un laberinto de carencias donde los alimentos se pudren en los refrigeradores, el transporte público opera a mínima capacidad y la infraestructura hídrica colapsa por la falta de energía para bombear agua potable.

Antecedentes de una crisis estructural sin precedentes

Para comprender la magnitud de la actual emergencia en Cuba, es necesario analizar el trasfondo histórico y geopolítico que ahoga a la isla. Si bien la obsolescencia del parque generador de electricidad y los efectos de las históricas sanciones económicas de Estados Unidos son problemas endémicos que se agudizaron durante la última década, la situación actual escaló a un nivel crítico tras las recientes medidas punitivas de la administración Trump. La política de mano dura implementada a partir de enero incluyó severas restricciones y amenazas de aranceles a cualquier nación o empresa que suministrara petróleo a Cuba, su principal fuente de energía y sustento macroeconómico.

Este bloqueo petrolero asestó un golpe letal a la capacidad de generación eléctrica del país caribeño. Las termoeléctricas cubanas, que operan mayoritariamente con crudo pesado nacional, dependen de aditivos y combustibles importados para su mantenimiento y funcionamiento continuo. Al agotarse las reservas internacionales y mermar drásticamente el suministro externo de carburantes, el sistema colapsó en repetidas ocasiones. A esto se suma el colapso del sector turístico —el gran motor económico de la isla—, que registra miles de plazas hoteleras vacantes debido a la retirada de operadores internacionales, profundizando la escasez de divisas necesarias para adquirir alimentos, medicinas y combustible en el mercado internacional.

Datos clave del impacto socioeconómico

  • 6 colapsos nacionales: El sistema eléctrico sufrió un apagón generalizado en todo el territorio insular en seis ocasiones distintas solo en lo que va del año.
  • 25,000 vacantes laborales: La crisis en el sector turístico ha provocado la retirada de compañías internacionales, dejando miles de puestos de trabajo sin cubrir en la industria hotelera.
  • Apagones superiores a 48 horas: En diversos municipios de La Habana y otras provincias, los cortes prolongados de energía han desencadenado protestas vecinales, con cacerolazos y quema de basura acumulada en las calles.
  • Transición forzada a métodos tradicionales: Ante la falta de gas y electricidad, una parte importante de la población ha recurrido a cocinar con leña y a iluminarse con lámparas recargables financiadas mediante remesas familiares del exterior.

Impacto multisectorial y degradación del tejido social

El colapso energético no es meramente un inconveniente doméstico; representa un freno absoluto para la economía y la estabilidad social de Cuba. Industrias, comercios y servicios esenciales operan bajo mínimos. Las jornadas laborales se han visto drásticamente reducidas, los centros educativos enfrentan suspensiones frecuentes y el sistema de salud pública lidia con la imposibilidad de conservar adecuadamente ciertos medicamentos y vacunas que requieren cadena de frío. La interdependencia de los servicios básicos genera un efecto dominó devastador: sin electricidad no hay bombeo de agua, y sin agua se paralizan las labores de higiene y saneamiento elemental.

En el plano psicológico, la población experimenta niveles sin precedentes de angustia y desesperanza. La devaluación de la moneda nacional frente al dólar y una inflación galopante erosionan el poder adquisitivo de los trabajadores, haciendo casi imposible adquirir los escasos alimentos disponibles en el mercado. Ciudadanos como Caridad Delgado, de 64 años, resumen el sentimiento generalizado al recordar que la televisión y el esparcimiento han sido reemplazados por la penumbra y la incertidumbre. Mientras tanto, las protestas espontáneas en los barrios reflejan el agotamiento de la paciencia social ante una crisis que parece no tener un fondo visible.

Proyección y escenarios a futuro

A corto y mediano plazo, el panorama para Cuba se presenta sumamente complejo y desafiante. Expertos en economía internacional y analistas energéticos coinciden en que, sin un cambio estructural en las relaciones diplomáticas y comerciales que permita el libre flujo de combustibles y la inyección masiva de capital extranjero para modernizar la infraestructura, los apagones masivos seguirán siendo la norma. Las soluciones paliativas implementadas por la ciudadanía —como la instalación precaria de paneles solares enviados por familiares desde el extranjero o el uso de generadores particulares que funcionan con gasolina escasa— son insuficientes para sostener una economía nacional.

El escenario proyectado anticipa una profundización de la crisis migratoria, ya que el éxodo impulsado por la desesperanza económica y la falta de perspectivas de futuro continúa desangrando a las familias cubanas, privando al país de su fuerza laboral más joven y capacitada. La supervivencia en la isla se ha convertido en un ejercicio diario de resistencia, donde el ingenio popular choca frontalmente contra un muro de obsolescencia técnica y asfixia financiera internacional.

DnG