México Avista los 16avos de Final: Euforia, Ansiedad y un Triunfo con Sabor a Respiro
México vivió un primer tiempo lleno de contrastes entre la euforia y la impaciencia. Apenas iniciado el encuentro en el estadio de Guadalajara, los «Ole, Ole, Ole» resonaban desde las tribunas. Los dirigidos por Javier Aguirre monopolizaron el balón, acorralando a Corea del Sur en su área y mostrando la intención de resolver rápidamente el partido para avanzar a los 16avos de final del Mundial que coorganiza con Estados Unidos y Canadá.
Las gradas ofrecían una auténtica postal de celebración. Sin embargo, el desarrollo del juego tomó un giro inesperado. El ritmo del partido decayó, dando paso a los pelotazos y la escasez de ideas. Corea del Sur encontró espacios para respirar e incluso se atrevió a inquietar con aproximaciones aisladas. El fervor inicial del público local se transformó lentamente en ansiedad, que culminó en los silbidos que despidieron a los jugadores hacia los vestuarios al finalizar la primera mitad.
En el segundo tiempo, Corea se mantuvo firme en su defensa. La situación cambió drásticamente con una jugada totalmente impredecible, una acción desafortunada que desencadenó un colapso colectivo. Un balón aéreo, aparentemente sin peligro, se convirtió en el punto de quiebre. El portero coreano Seung-Gyu Kim salió a cortar un centro, pero chocó con uno de sus compañeros y perdió el control de la pelota. Luis Romo, quien ya iniciaba su carrera de regreso al mediocampo, percibió el desconcierto antes que nadie. Cambió su dirección, encontró el balón suelto y definió con el arco vacío, anotando el 1-0 que desató el esperado desahogo mexicano.
México encontró un regalo inesperado
A partir de ese momento, México se dedicó a defender una ventaja que nunca fue cómoda. El equipo de Javier Aguirre se replegó cerca de su área, mientras Corea del Sur presionó con insistencia en el tramo final, acumulando centros y una mayor presencia ofensiva.
Fue entonces cuando emergió la figura de Raúl Rangel. El portero mexicano sostuvo el triunfo con una intervención providencial: primero despejó un potente cabezazo de Cho Gue-Sung y, desde el suelo, reaccionó instantáneamente para contener el rebote que Hyun-Jun Yang había rematado a quemarropa. Fue una doble atajada crucial en el momento de mayor asedio coreano. «Me acuerdo que tenía el balón y nada más. Fue una reacción. Estamos dando un golpe de autoridad», resumió Rangel al concluir el partido.
En apenas unos minutos, México volvió a exhibir una de las facetas que mejor conoce al ser anfitrión de un Mundial: la de una selección que convive permanentemente con el entusiasmo inquebrantable de su gente, pero también con la apremiante urgencia de satisfacer elevadas expectativas.
Poco les importó a sus fieles hinchas que la ansiada clasificación a la siguiente ronda llegara gracias a un insólito blooper. La primera misión estaba, al fin, cumplida.
México mantiene su puntaje ideal, sin goles en contra y con la clasificación a los 16avos de final encarrilada. En el choque directo por el liderazgo del Grupo A, la selección resolvió el encuentro en una noche discreta, pero definida por dos jugadas decisivas bajo los tres palos: el error del guardameta Kim Seung-Gyu que abrió el marcador y la heroica salvada de Rangel que selló la victoria hasta el final.
DnG
