Durante más de medio siglo, Iñaki Gabilondo ha forjado una de las voces más reconocibles y respetadas del periodismo español. Su prolífica trayectoria al frente de destacados informativos de radio y televisión lo ha consolidado como un referente ineludible para diversas generaciones de periodistas y un testigo privilegiado de las transformaciones políticas, sociales y mediáticas que han configurado el país.
Como director y presentador de Hoy por Hoy durante casi dos décadas, Gabilondo no solo informó, sino que también analizó la evolución de la política, la sociedad y los medios de comunicación. Recientemente, en una entrevista concedida al pódcast El sentido de la birra, ha profundizado en estas reflexiones, compartiendo además episodios clave de su vida personal y profesional.
El Mundo Sintonizado en una Radio
Gabilondo evoca su infancia durante los primeros años del franquismo, una era donde la radio ostentaba un papel central en la vida cotidiana. Para él, aquel aparato trascendía el mero entretenimiento: era la ventana, la única conexión con un mundo exterior aún desconocido. «La radio era la música. Porque la radio, para quienes nacieron cuando yo nací, a finales de los años 40, era todo. No había televisión, por supuesto. La tele apareció en mi vida cuando yo estaba en la universidad. Entonces, la radio era todo. Y la radio era el exterior, el mundo exterior.» Así rememora una niñez marcada por un medio que, mucho antes de convertirse en su vocación, ya había encendido su inextinguible curiosidad.
Una Vocación Musical Inconclusa
Aunque su brillante carrera se decantó por el periodismo, Gabilondo confiesa que la música ocupó un lugar preeminente en su infancia. Destacaba por sus aptitudes para el solfeo, llegando a considerar una dedicación profesional. «Tenía un don grande para el solfeo, sacaba unas notas extraordinarias, saqué matrículas siempre, tenía una capacidad de lectura a primera vista de partituras bastante llamativa, siendo un niño pequeño.»
Sin embargo, ese camino jamás se materializó, una decisión que, incluso hoy, evoca una profunda nostalgia. Gabilondo admite que no haber desarrollado una trayectoria vinculada a la música es una de las grandes asignaturas pendientes de su vida. «La gran nostalgia y la gran tristeza que tengo de no haber podido desarrollar una actividad profesional o vital con la música.»
Ese vínculo emocional con la música se mantiene intacto con el paso de los años. De hecho, confiesa que, si pudiera elegir de nuevo, su destino sería muy distinto: «En mi siguiente reencarnación me gustaría ser músico.» Una revelación que subraya la persistencia de la música entre las grandes pasiones de su existencia.

El Invaluable Valor del Tiempo
Tras décadas dedicadas a narrar la actualidad, Gabilondo dirige ahora su atención a las enseñanzas del tiempo: el valor de los afectos, la trascendencia de Lola en su vida y la serena contemplación del paso de los años y la ineludible muerte.
A sus 83 años, el periodista afirma que una de las ideas que más ha moldeado su forma de entender la vida es la conciencia de la finitud del tiempo. Explica que no es una reflexión reciente, sino una convicción que le acompaña desde joven.
«Cuando ya tienes una edad, ya tienes el piso pagado, ya los hijos son mayores, ya no tienes… ya tienes los reconocimientos que has podido tener… ¿qué motor puede tener? Descubres hasta qué punto toda tu vida se está actuando hasta haciendo aquello que decías que te gustaba, pero asistido por un montón de elementos que te empujaban.»
Insiste en que el gran aprendizaje reside en recordar constantemente que el tiempo es un recurso finito y que esta conciencia ha transformado por completo su manera de disfrutar de la vida. «Yo sé que hay un número limitado de botellas de vino que voy a beber, un número limitado de veces que voy a hacer el amor, un número limitado de veces que voy a ir a París. Eso yo tengo conciencia de que la vida vas consumiéndola.»
Esta certeza, lejos de generarle angustia, le ha impulsado a valorar con mucha más intensidad cada experiencia cotidiana: «¿Cómo puede la gente disfrutar si no se acuerda de eso? Mi manera de disfrutar de la vida, y creo que he sido bastante disfrutador, ha estado bastante conectada con la circunstancia de que yo valoraba la casualidad, que no sabía cuánto iba a durar», comenta. Una filosofía que sintetiza gran parte de su visión vital.

La Serenidad Ante la Muerte
Gabilondo aborda el tema de la muerte con una inusual serenidad. Explica que nunca le ha provocado angustia, pues siempre la ha concebido como una parte intrínseca de la existencia. «He tenido siempre bastante clara la realidad de nuestro paso en viaje, tránsito, desgaste. Y me ha acompañado, no digo produciéndome ninguna satisfacción, pero iluminando mi vida.» Para él, asumir este final inevitable nunca ha significado vivir con miedo, sino con una mayor conciencia del valor del presente.
El momento más emotivo de la conversación surge al hablar de su esposa, Lola. Confiesa que lo único que verdaderamente le entristece de la muerte es la idea de la separación. «Lo que más me angustia de morirme es separarme de Lola. Estoy muy felizmente casado. Es una suerte increíble. Y no te digo a estas edades. Es un regalo.», relata. Una confesión que revela que, más que el fin de la vida, lo que realmente le inquieta es el fin de la vida compartida.
El Arte de Saber Estar Solo
Aunque insiste en que disfruta plenamente de su vida en pareja, Gabilondo asegura no haber temido nunca la soledad, gracias a una intensa vida interior cultivada. «Yo sé estar muy bien solo. Estoy muy felizmente emparejado, soy un hombre muy felizmente emparejado. Es una suerte increíble.»
Atribuye esta capacidad a la lectura, la música y la reflexión. «Sé estar solo porque he tenido la suerte de tener esa vida interior. Yo soy capaz de disfrutar muchísimo leyendo, pensando, oyendo música, pasando solo.» Y admite sentir una profunda compasión por aquellos que carecen de esta habilidad.
«Muchas veces pienso: la gente que no tenga esa posibilidad, o sea, que no sea capaz de disfrutar leyendo, que no sea capaz de disfrutar oyendo música, que no sea capaz de disfrutar pensando, o paseando, o mirando… debe ser un horror.»

Una Filosofía de Vida que Inspira
Tras desgranar momentos clave de su vida, Gabilondo dirige su mirada a las nuevas generaciones. Considera que a nadie se les prepara realmente para afrontar las dificultades inherentes a la existencia. «La vida es como iniciar un paseo por el bosque. Vas a iniciar un paseo por el bosque, ya te comunicamos que acaba mal. Pero el recorrido inevitablemente va a incluir momentos de exaltación, de una belleza que te va a volver loco; vas a sentir miedo; en algún momento vas a sufrir un mal… Todo eso forma parte de la normalidad de la aventura.» Con esta metáfora, resume cómo cree que las nuevas generaciones deberían afrontar la vida.
Y concluye con una idea que condensa toda su filosofía vital: «Hay que vivir con la mayor dignidad tu vida. Darle a cada minuto su sentido, a tu trabajo su sentido, hacerlo bien y ser responsable, sin que se te olvide ni un poquito qué es esto», finaliza.
La conversación culmina donde comienzan las cuestiones verdaderamente importantes. Después de una vida dedicada a explicar el mundo, Iñaki Gabilondo dirige su mirada hacia lo esencial: el incalculable valor de los afectos, el disfrute de las pequeñas cosas y la profunda conciencia de que el tiempo, precisamente por su naturaleza limitada, otorga un sentido trascendente a todo lo demás.
DnG
