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España: por qué confiar pese a su gris fase de grupos.

Equipo ClickDirecto

Es innegable que el entusiasmo inicial por la selección española en el Mundial 2026 ha disminuido. Lo que comenzó con España como la gran favorita al título, ha virado tras la fase de grupos, donde Francia y Argentina la han superado claramente, según confirman las casas de apuestas y la mayoría de analistas.

«España es la favorita», declaró Didier Deschamps, seleccionador de Francia, antes del debut de ambos combinados. Unas palabras que, tras la fase de grupos, el técnico galo probablemente revisaría. Mientras Francia ha cosechado victorias contundentes, España ha empatado con Cabo Verde, vencido con facilidad a Arabia Saudí y necesitado un error de Fernando Muslera para superar a Uruguay. La disparidad en el rendimiento es patente.

La percepción de España ha cambiado drásticamente en las casas de apuestas. De gran favorita al inicio de la Copa del Mundo 2026, ahora se sitúa como tercera. Francia encabeza las preferencias con una cuota de 4,33, seguida de Argentina (5,00). España e Inglaterra comparten la tercera posición con una cuota de 8,00, reflejando el descenso en su favoritismo.

Este descenso en las expectativas de España se atribuye a dos factores principales. El primero es su cuadro de eliminatorias, notablemente complicado. Si bien inicialmente se proyectaba un España – Portugal en la final, la segunda plaza de los lusos en el Grupo K adelanta este esperado choque a los octavos de final. Esto significa que, lamentablemente, una de las favoritas deberá decir adiós prematuramente.

El segundo factor que ha mermado la confianza en España es su pobre rendimiento en el campo y la fragilidad física de varias de sus estrellas. Lamine Yamal no ha alcanzado su nivel habitual, mientras que Nico Williams y Yeremy Pino están lesionados y su regreso no es inminente. A ellos se suma la baja probable de Víctor Muñoz. Con un juego que no termina de carburar y sin sus principales bazas ofensivas, es natural que la ilusión haya disminuido, aunque aún persisten motivos para creer en la selección española.

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A pesar de las comparaciones y coincidencias con el Mundial de 2010 —como el enfrentamiento con Portugal en octavos—, España conserva sólidos argumentos para aspirar a ser campeona del mundo. El bloque fundamental del equipo que triunfó en Europa en 2024 se mantiene. Aunque figuras como Rodri Hernández, Pedri, Fabián y Lamine Yamal no atraviesen su mejor momento, la cohesión y el profundo conocimiento mutuo de los jugadores podrían hacer que el juego fluya en las instancias decisivas.

Asimismo, es crucial destacar los aciertos de España, a menudo eclipsados por las críticas. El nivel defensivo ha sido excepcional, con Cubarsí y Laporte mostrando una coordinación sublime, lo que ha permitido que la selección no encaje ni un solo gol en lo que va de torneo. Unai Simón ha sido, en gran medida, un mero espectador durante la fase de grupos. Esta solidez en la zaga es un pilar fundamental para la esperanza.

No se trata de jugar bien

Precisamente, esta solidez defensiva debe recordar a España el Mundial de 2010, donde se ganó el Mundial con apenas cuatro goles en las eliminatorias. Desde octavos hasta la final, cada encuentro se resolvió con un ajustado 1-0. Aquella selección jugaba bien, sí, pero cimentó su éxito en erigir un muro inquebrantable alrededor de Casillas. Dieciséis años después, esta es la fórmula a la que España debe aferrarse.

En un torneo corto como el Mundial, la meta no es la brillantez constante, sino la efectividad: explotar las virtudes y minimizar los defectos. No se trata tanto de jugar bien como de ser resolutivo. España, con su seriedad defensiva y la calidad individual de jugadores como Lamine Yamal, Oyarzabal, Álex Baena, o la capacidad de llegada desde segunda línea de Dani Olmo y Mikel Merino, posee los recursos. Sin embargo, el regreso urgente de Nico Williams es crucial para potenciar el ataque con desequilibrio por las bandas y aspirar a la gloria.

DnG