¿Por qué las conferencias mañaneras se han convertido en un problema político para Claudia Sheinbaum?
Las conferencias matutinas, conocidas popularmente como «las mañaneras», se han transformado en un obstáculo político para la presidenta Claudia Sheinbaum. Con frecuencia, los equipos de comunicación alimentan a la mandataria con información cuya vigencia dura apenas unas horas. Como resultado, la jornada presidencial comienza atacando a medios y periodistas, pero suele concluir con la mandataria enfrentando el desmentido de la realidad o lidiando con el búmeran en que se convierten sus propias declaraciones.
A diferencia de su mentor y antecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien capitalizó este formato gracias a su estilo personal y a un entorno político y económico favorable, Sheinbaum gobierna bajo condiciones crecientemente adversas. Ante la falta de resultados en áreas clave, la administración actual recurre al manual clásico de los gobiernos populistas: la polarización.
La relación con los medios y la caída en la aprobación
La cruzada permanente contra la prensa parte de una premisa falsa: culpar a los medios de comunicación por el incremento de las críticas, supuestamente motivado por la reducción del presupuesto en publicidad oficial. De este modo, se intenta desviar la atención de los verdaderos problemas que abruman al país.
La caída en la aprobación presidencial no es consecuencia de la labor informativa de los periodistas, sino de variables objetivas y subjetivas muy claras:
- La falta de crecimiento económico.
- Los altos índices de inseguridad.
- La percepción ciudadana sobre una presunta complicidad entre el régimen de la autodenominada «Cuarta Transformación» y el crimen organizado.
Esta última percepción se ha visto fortalecida debido a que agencias del gobierno de Estados Unidos han recopilado pruebas electrónicas, documentos y testimonios que apuntan a vínculos entre políticos de Morena y grupos delictivos.
Propaganda frente a la realidad nacional
En su intento por mantener el control narrativo, la mañanera se ha nutrido de discursos optimistas que chocan frontalmente con la realidad. Desde asegurar que la economía marcha a la perfección hasta calificar a México como una democracia ejemplar, la información deficiente proporcionada a la presidenta la deja con frecuencia en una posición vulnerable frente a la opinión pública.
Un claro ejemplo de esta estrategia se observó en el debate sobre los lineamientos de la Ley de Audiencias. Para contrarrestar las acusaciones de censura, el gobierno recurrió a la tergiversación de hechos históricos y al uso de fragmentos de video descontextualizados, buscando manipular la percepción ciudadana sin incurrir técnicamente en una mentira directa.
El riesgo de un «ministerio de la verdad»
A pesar de las negativas oficiales emitidas por funcionarios como la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, los artículos 12 y 53 de los lineamientos de la Ley de Audiencias otorgan facultades de supervisión a la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones —dependiente del Ejecutivo— para determinar qué contenidos se consideran verdaderos o falsos. Esto abre la puerta a un control de contenidos con tintes orwellianos que contradice el discurso oficial de respeto a la libertad de expresión.
En definitiva, la mañanera ha dejado de ser el activo propagandístico eficaz que fue en el sexenio anterior. Hoy en día, este espacio se ha transformado en un desafío constante para la administración de Claudia Sheinbaum, donde la palabra presidencial choca de manera sistemática con la verificación de los hechos.
DnG

