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Ejercitarse ayuda a controlar el asma

Equipo ClickDirecto

Reducir el sedentarismo es tan eficaz como el ejercicio supervisado para controlar la asma

Mejorar el control de la asma no requiere necesariamente iniciar una rutina intensa de ejercicios en el gimnasio. Según un estudio reciente de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP), publicado en la revista científica Pulmonology, las estrategias enfocadas en reducir el sedentarismo diario ofrecen resultados comparables a los de un programa estructurado de entrenamiento aeróbico en adultos que padecen asma moderada a grave. Lo más sorprendente es que los beneficios de adoptar hábitos más activos demostraron ser mucho más duraderos a largo plazo.

La asma es una enfermedad caracterizada por la inflamación crónica de las vías aéreas y sus síntomas principales incluyen opresión en el pecho, sibilancias (chiido), falta de aire y tos persistente. Frecuentemente, quienes sufren de esta condición en grados moderados o severos presentan una menor capacidad para ejercitarse en comparación con personas sanas, lo que deriva en altos niveles de inactividad física. Para contrarrestar esto, tanto las intervenciones farmacológicas como las no farmacológicas resultan esenciales para optimizar la calidad de vida de los pacientes.

El estudio clínico: caminadora versus cambio de hábitos

Financiado por la Fapesp y el CNPq, el trabajo clínico se llevó a cabo en el Hospital das Clínicas de São Paulo. La investigación realizó un seguimiento a 52 adultos de entre 18 y 65 años que sufrían de asma moderada a grave, eran completamente sedentarios y presentaban un mal control de su enfermedad a pesar del tratamiento médico convencional.

Los participantes fueron divididos aleatoriamente en dos grupos:

  • Grupo de entrenamiento aeróbico: Realizó sesiones en caminadora ergométrica durante 45 minutos, dos veces por semana, con una intensidad calibrada mediante pruebas cardiopulmonares.
  • Grupo de intervención comportamental: Utilizó un dispositivo portátil (pulsera inteligente) que vibraba al alcanzar la meta diaria de pasos o si el usuario permanecía inactivo durante más de una hora, combinado con asesorías semanales para fomentar nuevos hábitos.

Tras ocho semanas de intervención, ambos grupos mejoraron el control clínico de su asma en la misma proporción. Asimismo, se registraron avances significativos en la calidad de vida, reducción de síntomas de ansiedad y depresión, y mayor productividad laboral. Sin embargo, la diferencia clave apareció cuatro meses después de finalizar el estudio: mientras que los beneficios del entrenamiento en la caminadora disminuyeron con el tiempo, el grupo que modificó su estilo de vida mantuvo los resultados prácticamente intactos.

Según David Halen Araujo Pinheiro, fisioterapeuta y autor principal del estudio, la sostenibilidad superior de la estrategia comportamental se debe a que el cambio de hábito se integra de forma natural en la rutina diaria, permitiendo que el paciente mantenga lo aprendido sin depender de equipos especializados ni supervisión constante.

El impacto de la obesidad en el control de la asma

Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación fue que los participantes que presentaban obesidad dentro del grupo comportamental no lograron aumentar su conteo diario de pasos. Los especialistas señalan que la combinación de asma y obesidad reduce la respuesta a este tipo de intervenciones.

El neumólogo Guylherme Saraiva, del Hospital Israelita Albert Einstein en Goiás, explica que la obesidad perjudica la respiración debido a la reducción del volumen pulmonar y del calibre de las vías aéreas, además de generar inflamación sistémica y comorbilidades como el reflujo y la apnea del sueño. Esto convierte el esfuerzo físico en una tarea mucho más compleja, generando un círculo vicioso de inactividad, aumento de peso y empeoramiento de la asma.

Cómo salir del sedentarismo de forma segura

Aumentar la actividad física cotidiana no implica convertirse en un deportista de alto rendimiento de la noche a la mañana. Acciones sencillas como levantarse cada hora, utilizar las escaleras, caminar hacia el supermercado o dar un breve paseo después de comer son suficientes para romper con el comportamiento sedentario.

A pesar de que el movimiento diario es un gran aliado, los expertos recuerdan que la actividad física debe adaptarse a cada caso y nunca sustituye al tratamiento médico prescrito. Los medicamentos de control y rescate deben mantenerse al día, y se aconseja realizar un calentamiento previo para evitar la broncoconstricción inducida por el esfuerzo, cuidando siempre de evitar ambientes con alta contaminación, aire extremadamente frío o piscinas con exceso de cloro.

DnG