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EE. UU. estudia imputar a Raúl Castro

Equipo ClickDirecto

La Tensión se Eleva: ¿Presión de EE. UU. o Incursión Militar contra Raúl Castro?

La noticia, surgida de fuentes familiarizadas con las deliberaciones del gobierno estadounidense, señala que fiscales federales en Miami están preparando una acusación contra Raúl Castro, el influyente hermano de Fidel. Este movimiento, cargado de implicaciones geopolíticas, no pasa desapercibido en La Habana, especialmente tras el precedente venezolano.

El Eco de Caracas: La Estrategia de Trump en la Mira Cubana

Nadie en el gobierno de Cuba olvida cómo la acusación federal contra Nicolás Maduro, el líder autoritario de Venezuela, sirvió de pretexto para una incursión en Caracas, en enero, con el objetivo de capturarlo. Aunque una operación similar en Cuba no parece inminente —dado el despliegue de fuerzas especiales en Oriente Medio por la situación con Irán—, funcionarios de alto nivel de EE. UU. buscan mantener abierta la opción de replicar la estrategia utilizada en Venezuela.

El presidente Trump considera la operación militar en Venezuela un «éxito absoluto», a pesar de un estancamiento insatisfactorio en la situación con Irán. Sin embargo, la efectividad de esta táctica de presión sobre Cuba es cuestionada por expertos. «La acusación es un elemento más de la campaña de presión que Trump y Rubio están utilizando para intentar obligar al gobierno cubano a rendirse a las condiciones de Estados Unidos en la mesa de negociaciones, creando la amenaza de acción militar con la esperanza de que obligue a los cubanos a ceder», explicó William LeoGrande, profesor de gobierno en American University. «Pero los cubanos no son buenos para ceder».

Ultimátum Silencioso: Exigencias de EE. UU. a Cuba

El mensaje preciso que John Ratcliffe, director de la CIA, habría enviado al nieto de Castro, Raúl G. Rodríguez Castro, conocido como Raulito, es un misterio. Sin embargo, una demanda clave es clara: el cierre de las bases de inteligencia de China y Rusia en la isla, utilizadas para interceptar comunicaciones estadounidenses. Más allá de esta exigencia, los objetivos de EE. UU. son difusos, aunque el propósito de Trump y Marco Rubio es inequívoco: poner fin al control comunista en Cuba sin sumir al país en el caos total.

La visita pública de Ratcliffe, con fotografías y relatos de su mensaje a los cubanos, rompió con el sigilo habitual de las misiones diplomáticas de la CIA. Frank Mora, exembajador ante la OEA y alto funcionario de Defensa, interpretó la visita como un ultimátum. «El presidente está frustrado porque no está obteniendo los resultados que quería, o que quizá le prometieron en Cuba», afirmó Mora, ahora profesor en la Universidad Internacional de Florida. «Están apretando las tuercas para intentar empujar a los cubanos a hacer concesiones que no han estado dispuestos a hacer».

Raúl Castro: Entre la Influencia y la Operación Psicológica

Aunque técnicamente fuera del poder, el nonagenario Raúl Castro mantiene una influencia considerable en la política cubana. Su salud es frágil, con dificultades para oír y hablar, y hace tiempo que no realiza declaraciones públicas. La imagen de una unidad de élite capturando a un líder de su edad podría generar una percepción negativa, aunque esto podría no disuadir a la Casa Blanca.

Mora considera poco probable que EE. UU. intente una operación militar similar a la de Maduro contra Castro. En cambio, ve la acusación formal como una «operación psicológica». Las amenazas militares o legales podrían no intimidar a Castro directamente, pero enviarían un mensaje contundente al gobierno cubano y a la influyente comunidad cubanoamericana de Miami, que ha impulsado históricamente el fin del comunismo en la isla. «La acusación tiene más que ver con intentar infundir miedo para intimidar al régimen y hacer que parezca, especialmente en Miami, que el presidente va en serio respecto a cambiar Cuba», sostuvo Mora.

Los Cargos: Narcotráfico y la Sombra del Incidente de 1996

Los fiscales continúan debatiendo el alcance del posible procesamiento. Al igual que la acusación contra Maduro, podría incluir cargos relacionados con el narcotráfico. Sin embargo, una vía principal de investigación se centra en el derribo, en febrero de 1996, de aviones del grupo humanitario Hermanos al Rescate por parte de Cuba.

En una carta del 13 de febrero, cuatro congresistas republicanos solicitaron al Departamento de Justicia considerar la imputación de Castro, quien era ministro de Defensa de Cuba en el momento del ataque. La carta citaba informes que indicaban que Raúl Castro aprobó los derribos, calificados por los legisladores como «asesinatos a sangre fría». «Creemos inequívocamente que Raúl Castro es responsable de este crimen atroz», escribieron. «Es hora de que comparezca ante la justicia».

El Legado del Derribo: Hermanos al Rescate y la Ley Helms-Burton

El trágico episodio de 1996 endureció permanentemente la postura estadounidense hacia La Habana. El presidente Bill Clinton, que buscaba liberalizar las relaciones, calificó los derribos como un «espantoso recordatorio de la naturaleza del régimen cubano: represivo, violento, desdeñoso del derecho internacional». Cuatro hombres, tres de ellos ciudadanos estadounidenses y uno residente legal, murieron cuando un caza MiG cubano derribó dos aviones Cessna sobre el estrecho de Florida. Las aeronaves, operadas por Hermanos al Rescate —un grupo de exiliados cubanos de Miami—, realizaban misiones para ayudar a refugiados cubanos y apoyar el derrocamiento del régimen castrista.

Mientras el grupo afirmaba una misión humanitaria, Cuba insistió en la violación de su espacio aéreo, una afirmación negada por autoridades de aviación internacional. Sin embargo, tras el lanzamiento de panfletos antirrégimen en misiones anteriores, Cuba había amenazado con el uso de la fuerza. El derribo provocó la indignación de los exiliados cubanos y una fuerte resonancia en Washington. A los pocos días, el Congreso aprobó la largamente estancada Ley Helms-Burton, una de las medidas más severas contra Cuba. La ley condicionó el levantamiento de sanciones estadounidenses a la caída del régimen y otorgó nuevos derechos a quienes reclamaban propiedades confiscadas tras la revolución de 1959. La oposición inicial de Clinton a la ley desapareció, y la promulgó el 12 de marzo de 1996, una fecha de infamia en La Habana. Treinta años después, el presidente Miguel Díaz-Canel denunció la ley en redes sociales como una «monstruosidad».

DnG