Venezuela bajo el Sismo: Lecciones de Resistencia Sísmica Global
Cuando recientes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte de Venezuela, el país se encontró con un paisaje de edificios desplomados, fachadas desprendidas y miles de personas temerosas de regresar a sus hogares. Ciudades como La Guaira sufrieron daños significativos, reavivando un debate crucial: ¿por qué algunos países, como Chile y México, parecen resistir mejor los eventos sísmicos de gran magnitud?
El Contraste: Chile y su Resiliencia Estructural
La experiencia de Chile sirve como un poderoso ejemplo. Tras el terremoto de magnitud 8,4 en 2015, el número de viviendas destrozadas fue notablemente bajo. Incluso en 2010, un sismo de magnitud 8,8 solo provocó el colapso de un edificio importante en Concepción. Arquitectos e ingenieros sismólogos atribuyen esta resistencia a factores clave: normativas de construcción estrictas, una fiscalización rigurosa y sistemas constructivos diseñados específicamente para absorber la energía sísmica.
Ingeniería Sísmica Avanzada: La Ventaja Histórica Chilena
Rubén Boroschek, profesor de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile, subraya que la principal ventaja de su país radica en una adopción temprana, entre 1906 y 1910, de sistemas constructivos orientados a resistir terremotos. Explica que el uso generalizado de muros estructurales limita el colapso de los edificios y minimiza los daños en elementos no estructurales. “Nuestros edificios están llenos de muros resistentes a sismos. Uno puede cortar el muro en la base y el edificio muy probablemente siga en pie. Si hace lo mismo con los edificios de vigas y columnas (pórticos), muy utilizados en Venezuela, el colapso es muy probable”, afirma Boroschek, destacando la diferencia fundamental en el diseño estructural.
Más Allá de la Magnitud: Factores de la Destrucción Sísmica
La experiencia chilena demuestra que la magnitud de un terremoto no es el único factor determinante de la destrucción. Sergio Barrientos, director del Centro Sismológico Nacional (CSN) de la Universidad de Chile, añade que influyen significativamente la distancia entre las poblaciones y la falla que origina el sismo, así como las características del suelo. En Venezuela, los epicentros se localizaron en Yaracuy y Carabobo, pero La Guaira, en la costa, fue la más afectada, declarada «zona de desastre» por el gobierno.
Vulnerabilidad Urbana: «Los Desastres los Construimos Todos los Días»
La situación de La Guaira es compleja, una ciudad ya golpeada por la «tragedia de Vargas» en 1999. Virginia Jiménez Díaz, geógrafa de la UCV y doctora de la Universidad de Londres, advirtió en 2019 sobre la persistente situación de riesgo en la ciudad. «Los desastres los construimos todos los días», sentenció, refiriéndose a la edificación de viviendas en quebradas, laderas o terrenos inestables. Atribuye esta problemática a la debilidad institucional y a la ineficiencia estatal en la construcción de vulnerabilidad.
Terremotos Superficiales: El Riesgo Oculto en Venezuela
Marcelo Lagos, académico del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, señala que las normativas chilenas están diseñadas para sismos de subducción de gran magnitud (superiores a 8), que ocurren frente a sus costas y no directamente bajo asentamientos humanos. Los terremotos de Venezuela, en contraste, fueron muy superficiales (sismos corticales), originados en fallas activas. Estos eventos, aunque menos frecuentes que los de subducción, son extremadamente peligrosos debido a su proximidad a la superficie, lo que intensifica el impacto local.
La rareza de los sismos corticales en una región como Venezuela puede generar una «sensación de falsa seguridad», invisibilizando el riesgo acumulado, advierte Lagos. Esto contrasta con Chile, donde cada gran terremoto ha impulsado nuevas exigencias técnicas y fortalecido los mecanismos de fiscalización, construyendo una «gobernanza sísmica» que permite convivir con el peligro de los terremotos.
El Camino Hacia la Resiliencia: Aprendiendo de la Experiencia Sísmica
Barrientos concluye que una tarea crucial para las autoridades venezolanas será estudiar no solo las estructuras colapsadas, sino también aquellas que resistieron el movimiento. «A pesar de la destrucción, hubo muchos edificios que quedaron en pie. Eso indica que fueron construidos de una manera que les permitió soportar la amplitud y magnitud del movimiento sísmico, aun estando cerca de la falla. Hay que aprender de las edificaciones que resistieron», enfatiza. Este análisis es fundamental para mejorar los códigos de construcción y la seguridad estructural, pavimentando el camino hacia una mayor resiliencia ante futuros eventos sísmicos en Venezuela.
DnG
