Inicio de las pruebas de filosofía del Bachillerato de francés, en Toulouse, el 15 de junio de 2026 (AFP / Valentine CHAPUIS).
Los aproximadamente 3,5 millones de copias del Bachillerato, cuyas pruebas escritas de las modalidades generales y tecnológicas finalizaron el jueves, están siendo digitalizadas para su posterior corrección por cerca de 52.000 profesores. Estos deben aplicar las directrices de los inspectores y armonizar sus calificaciones para asegurar la equidad.
Directrices Esenciales: Así se Unifica la Corrección del Bachillerato
Inmediatamente después de concluidas las pruebas, las copias, ya anónimas, son digitalizadas en los centros de examen y cargadas en la plataforma ministerial Santorin. Acto seguido, se organizan comisiones de consenso nacionales, a partir de las cuales los inspectores transmiten las instrucciones detalladas a los correctores durante las comisiones académicas específicas por disciplina.
«El Bachillerato tiene el mismo valor en Rennes, Pointe-à-Pitre, Versalles, Montpellier o Valenciennes. Por lo tanto, las instrucciones para la evaluación son las mismas para todo el territorio», aseguró el ministro de Educación Nacional, Édouard Geffray, al presentar en mayo las modalidades del examen de 2026.
Recientemente, la comisión académica franciliana de francés para la modalidad tecnológica reunió a unas 500 personas en una sesión por videoconferencia, destacando la magnitud del operativo de coordinación.
«Nos presentaron las rúbricas de corrección que, hay que decirlo, cambian poco respecto al año pasado», informó a la AFP una de las participantes, quien pidió permanecer en el anonimato. Esta declaración contrasta con las afirmaciones del Sr. Geffray, quien ha subrayado en varias ocasiones que las faltas de francés serían sancionadas con mayor severidad este año.
Es importante señalar que la sintaxis, la ortografía, el vocabulario y la inteligibilidad de la redacción ya representaban, en años anteriores, un cuarto de la calificación total. Un peso significativo que subraya la importancia de una buena expresión escrita en el Bachillerato.
«Corregimos juntos varias copias, elegidas al azar, y asignamos un 11 a trabajos cuya sintaxis era realmente muy deficiente o dudosa, pero que evidenciaban conocimientos y otros aspectos válidos», añadió la misma fuente, revelando una cierta flexibilidad en la aplicación del baremo.
En línea con esto, «no hay modificación del baremo», se aseguró el jueves a un centenar de correctores de Historia-Geografía, Geopolítica y Ciencias Políticas (HGGSP), durante su comisión académica franciliana, según otro participante que solicitó el anonimato.
«El dominio de la lengua ya se tenía en cuenta de manera crucial», mucho antes de las instrucciones ministeriales de este año, subrayó la coordinadora de esta disciplina.
«Estas comisiones se han vuelto bastante verticales», lamenta Emmanuelle Caley, copresidenta de la asociación de profesores de Ciencias Económicas y Sociales (Apses). Según su perspectiva, en 2025, la rúbrica de corrección en SES preveía aproximadamente un punto para la ortografía y la expresión, un aspecto que demuestra la continua atención a la calidad lingüística.
Durante la comisión académica de la prueba anticipada de matemáticas, «revisamos pregunta por pregunta, para asegurar que todos tuviéramos la misma forma de corregir y garantizar la equidad», informa un profesor parisino que pidió el anonimato, destacando el esfuerzo por la estandarización en todas las materias.
El Proceso de Calificación: Digitalización, Rigor y Prohibición de IA
Una vez establecidas las directrices, cada profesor corrector asume la tarea de evaluar un promedio de cincuenta copias. Esta labor, remunerada con aproximadamente cinco euros por copia, se realiza mayoritariamente desde el ordenador y en el domicilio de los docentes. Un punto crítico que se enfatizó durante la comisión de HGGSP del jueves fue la estricta prohibición de utilizar herramientas de inteligencia artificial. Esta medida busca proteger los datos de los alumnos y asegurar la originalidad y el criterio humano en la evaluación de los exámenes.
Para garantizar la equidad y la precisión, según la materia, una copia evaluada por debajo de una cierta calificación (7/20 en HGGSP y 5/20 en francés) debe ser automáticamente sometida a una segunda revisión por otro corrector. Este mecanismo busca minimizar errores y asegurar una evaluación justa para todos los candidatos.
«Es un poco complicado. Por lo tanto, generalmente la calificación tiende a comenzar por encima de ese umbral», confiesa un profesor de historia-geografía de Hauts-de-France, aludiendo a la presión implícita para evitar segundas revisiones.
Al finalizar la fase de corrección individual, se convoca una comisión de armonización académica. Presidida por el inspector pedagógico regional de la disciplina o un docente designado por el rector, esta comisión tiene como objetivo comparar las diferencias en la aplicación del baremo y, si es necesario, ajustar algunas notas al alza o a la baja, según las directrices ministeriales.
«Es una armonización de carácter estadístico. En general, no suele haber grandes desviaciones», informa un profesor de Ciencias Económicas y Sociales, quien prefirió el anonimato, indicando una cierta estabilidad en los criterios de evaluación.
Finalmente, una vez consolidadas las medias de cada alumno (que incluyen las calificaciones de las pruebas escritas y la evaluación continua), los jurados del Bachillerato se reúnen para examinar los expedientes de los estudiantes. En función del rendimiento global, pueden decidir otorgar una mención «bien» a un alumno que se acerque al 16/20, por ejemplo, o «repescar» para la prueba oral de recuperación a aquellos estudiantes con una media cercana al 8/20.
«Con el boletín de calificaciones, intentamos detectar si el alumno ha realizado un mínimo esfuerzo y trabajo, si ha mostrado interés o, por el contrario, si ha habido una total inactividad», explica un profesor de Historia-Geografía, destacando el enfoque holístico en la decisión final de los jurados.
No obstante, este año, Édouard Geffray ha sido categórico al afirmar que «un candidato que, al término de las pruebas finales, obtenga menos de 8 sobre 20, no podrá ser subido a 8 para acceder a la repesca», endureciendo así las condiciones para las pruebas de recuperación del Bachillerato.
DnG
